Un 15 de agosto, pero de 2004, Emanuel Ginóbili realizaba una jugada memorable para darle la victoria a la Selección Argentina en el debut de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 ante Serbia 84-81. Luego sería campeón olímpico por primera vez en la historia. La palabra de los protagonistas y el video con el doble ganador del zurdo crack.

Andrés Nocioni: «El recuerdo que tengo es una sensación de festejo en el momento. Fue una gran satisfacción y un gran logro que pudimos conseguir, sabiendo con las presiones que comenzábamos ese torneo, teníamos chances de ser favoritos y ese partido era crucial para arrancar bien las olimpiadas. Lo vi de atrás, vi que entró, corrí agarré la pelota, no sé que pensé cuando todos estaban tirados arriba de Manu. Fue una gran emoción y un poco una revancha por lo que había pasado en Indianápolis 2002, pero sinceramente festejamos más que pensar en que fue una revancha. Es uno de mis grandes recuerdos en el deporte, Manu estuvo increíble en un tiro muy difícil de hacer, el estaba del lado derecho y tuvo que doblarse como una serpiente para efectuar el tiro, fue una gran alegría y una gran satisfacción y ver a Ruben Magnano festejando y a nosotros, es uno de los mejores recuerdos que tengo con la Selección Argentina». 

Leo Gutiérrez: «Recuerdo que estábamos pidiendo que erraran los tiros libres para tener la chance de ganar y fueron los segundos más largos del mundo… y verlo a Manu tirando ese tiro de palomita… sólo queríamos festejar un partido difícil y duro que realmente nos dio la posibilidad de sacarnos esa espina clava de la final de Indianápolis. Manu mete ese tiro increíble y salimos todos corriendo para tirarnos arriba de él. Siempre que lo vemos es un gran recuerdo y algo único que nos pasó en un torneo tan importante como un Juego Olímpico». 

Ruben Magnano: «Fue memorable.  Un momento épico en la historia de nuestro básquet y nuestra selección por la conjunción de muchas variables, de la forma en la que Manu logra esa conversión hasta el momento del inicio de un Juego Olímpico y el rival y sobre todo por el hecho de quien era el equipo que estaba al frente, que nos había arrebatado la posibilidad de ser campeones del mundo en Indianápolis. Otra curiosidad que no me había puesto a pensar, mi manera de festejar esta conversión, era como una premonición a la vuelta olímpica. Es un día memorable para todo el deporte argentino y especialmente para el básquet». 

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