Guido Fabbris posa en el media day de Liaoning Flying Leopards.

Guido Fabbris habla desde China con la tranquilidad de quien ya sabe que las etapas no son para siempre. En Latinoamérica, el programa que va por UCU Play los jueves desde las 14:00, el entrenador que llevó a Obras al título de la Copa Islas Malvinas repasó el salto de Núñez a la CBA china, donde trabaja como asistente de Hugo López en el Liaoning.

Él reconoce que la salida de Obras fue abrupta y se lamentó por la baja del club de Núñez a la LNB 2026-27. “Es una lástima que una institución como Obras ya no esté en la parte masculina de la Liga Nacional”, dijo. “Pero hay que pasar página rápido y seguir adelante, porque cuando estás en un puesto de entrenador no es para siempre”. La oportunidad surgió a partir del vínculo que había armado con López en Japón, cuando el español dirigía al Tokyo Earth Friends y se cruzaron en un amistoso de pretemporada. Sobre esto, contó: “Nos quedamos en contacto, nos escribíamos de vez en cuando. Surgió esta oportunidad y estoy muy contento».

Lo que encontró en la CBA es una liga de altísimo nivel: “La estructura es increíble, es tremenda. Los extranjeros son de primer nivel, han jugado en la NBA, en Euroliga o en las mejores ligas europeas. Prácticamente todos los jugadores del proceso de la selección china juegan acá». El calendario es intenso: siete partidos en quince días, casi sin descansos. El formato es el más cercano al que aparece en la principal competencia de norteamérica: “Un día sí, un día no. No hay prácticamente entrenamiento: partido, recuperación, video y a jugar”. La pretemporada, en cambio, fue larga: casi cinco o seis semanas con el plantel completo.

Lo que más lo sorprendió, más allá de la infraestructura, es el nivel de los extranjeros y el físico de los locales. “Hay pivots nacionales y todos tiran de tres. No hay un jugador de perímetro al que digas ‘que tire’. Juegan mucho más en transición, más rápido. No es tan táctico ni tan colectivo como el básquet argentino. La mayoría de los equipos cargan el juego en los extranjeros, pero hay muy buenos jugadores nacionales”, señaló al respecto. En su equipo está uno de los bases de la selección china y “te das cuenta de que es un jugador de primer nivel”.

La organización lo impresionó. Vive en un hotel; la oficina del club está a una cuadra, en un edificio nuevo. A otra cuadra hay un estadio para 15.000 personas y, encima del mismo edificio, un complejo de cuatro canchas para las formativas, que el club tiene desde los 12 años. Una estructura que llama la atención rápidamente: “Te impresionás fácil. El gimnasio, la sala de recuperación, todo”.

Mientras China sorprende, también la diferencia cultura y complica para occidente. También se nota a la hora de entrenar: “Al principio me costó porque acá tienen una cultura de entrenamiento distinta. Necesitan mucho volumen».A lo que sumó: «Tuvimos semanas de pretemporada con 13 estímulos en seis días. Triple turno, doble turno. Es duro para los jugadores y para el staff». Luego en competencia es otra historia: análisis de video y de vuelta a la cancha para el siguiente encuentro.

Su rol es el de asistente principal de López. Hay otro asistente chino y un coach más joven a cargo del video. Su rol, lógicamente, pasa por detectar aspectos a mejorar y ponerlos a la vista: “Soy la mano derecha de Hugo. Hago todo el video post-partido, individual y colectivo. Preparamos el scouting del rival junto a Leo, que corta y ordena los clips. Después seleccionamos qué mostrarle al equipo y le agregamos dibujos o imágenes para facilitar la comunicación”. La barrera del idioma es real: dos hispanohablantes hablan en inglés con un traductor chino. Por eso “cuanto más visual sea la comunicación, mejor”.

Fabbris no piensa más allá de la temporada. Tiene contrato por este año y una opción por uno más para ambas partes. “Hoy estoy muy bien, pero es día a día, temporada por temporada. Cuando se acerque el final de esta, decidiremos en familia qué es lo mejor para la familia y para mi carrera». La distancia no es fácil y se siente. Sin embargo, tiene la tranquilidad de seguir manteniendo una buena relación.

El paso de Villa Mitre a Obras y de Obras a China lo resume con una mezcla de orgullo y responsabilidad. Por eso explica: “Siento que represento a Argentina y a los entrenadores argentinos. Es una responsabilidad hacer bien el trabajo, dar una buena imagen y mostrar el profesionalismo que tenemos. Si se abren oportunidades para otros colegas, mejor”. Por ahora, una temporada a la vez.