“Todavía no caigo”. La frase resume las sensaciones de Emilia Fortese, Lara Picat y Gabriela Ali, tres jugadoras que comenzaron a dar sus primeros pasos junto al plantel superior de Boca en la Liga Femenina. Para ellas, la oportunidad de entrenar con las mayores representa mucho más que un cambio de categoría: es la posibilidad de acercarse a un objetivo que empezaron a construir desde las inferiores.
En su paso por Pica Pica, el espacio de UCU Play, las tres compartieron sus experiencias, desde el crecimiento del básquet femenino en el club hasta los nervios de debutar, las largas jornadas de entrenamiento y la identificación con la camiseta azul y oro. Sus relatos también dejaron en evidencia el valor de un grupo que creció junto y que encuentra en los logros individuales una alegría colectiva.
“Fue como de repente, todo pasó muy rápido. Es una experiencia terrible, una locura”, contaron sobre el salto al plantel superior. La posibilidad de entrenar en una estructura como la de Boca también representa un avance en su formación. “Con los recursos que tiene Boca, es un salto de calidad que no tiene otro equipo de la Liga”, destacaron.
Una familia que creció desde las inferiores
Lara Picat, una de las jugadoras que forma parte del proceso desde sus comienzos, puso el foco en el camino recorrido por el básquet femenino de Boca. Lo que empezó con un grupo reducido de chicas fue creciendo hasta completar categorías, disputar amistosos, jugar torneos y participar en competencias de FEBAMBA.
En ese recorrido, el vínculo entre las jugadoras se convirtió en uno de los pilares del proyecto. Las distintas categorías comparten entrenamientos, acompañan sus respectivos procesos y se mantienen cerca tanto en los buenos momentos como cuando aparecen las dificultades.
“Siempre es una familia, todas nos conocemos, todas sabemos cuándo a alguien le pasa algo. Estamos todas cuando alguien se lesiona y, cuando jugamos una final, también estamos para alentar, no importa la categoría que juegue”, explicó Lara.
La jugadora también destacó una característica que considera especial dentro del grupo: la capacidad de celebrar los logros de las demás como propios. “Tenemos esa cosa difícil en el mundo: somos felices si a otra le va bien”, expresó.
Por eso, la llegada de algunas juveniles al plantel superior no se vive solamente como un avance personal. Para quienes comparten el día a día en las inferiores, también representa el resultado de un proceso construido entre todas.
La camiseta de Boca como parte de la identidad
La identificación con el club apareció reiteradamente durante la charla. Gaby Ali, que contó que durante buena parte de su formación jugó con varones, recordó que muchas chicas se acercaban a Boca por el deseo de representar a la institución, incluso cuando los equipos todavía competían en categorías formativas.
“Estoy acá porque soy de Boca”, era una respuesta habitual entre quienes llegaban al club. Según contaron, esa misma identificación se mantuvo entre las jugadoras que se incorporaron este año, algunas procedentes de equipos que ya competían en niveles importantes.
La pertenencia también aparece fuera de la cancha. Las tres recordaron una situación en la que un hombre las reconoció mientras caminaban juntas con la ropa de Boca y les regaló un sticker a cada una. Son escenas que se repiten: una campera, el conjunto completo o los colores del club alcanzan para que alguien las identifique y les haga un comentario.
Cuando les preguntaron qué se necesita para ser una jugadora de Boca, las respuestas fueron claras: compañerismo, ganas y mucha garra. También hubo lugar para el humor, con bromas hacia las compañeras que simpatizan por River y canciones en el vestuario cuando el rival pierde en fútbol.
Entre las risas, quedó expuesta una parte importante de su experiencia: vestir la camiseta no es un detalle más, sino un componente central de lo que significa jugar en el club.
De Baradero a Boca: el esfuerzo para llegar
El recorrido de Emilia Fortese tuvo una dificultad particular. Oriunda de Baradero, encontró en Boca una oportunidad para continuar jugando al básquet femenino cuando ya no podía seguir compitiendo en categorías mixtas.
La posibilidad apareció gracias a una amiga que le compartió información sobre las pruebas del club. Emilia recordó que, al principio, ni siquiera estaba convencida de presentarse. Le pasó la información a su padre casi en broma, porque no creía que pudiera quedar. Sin embargo, fueron a probar y terminó siendo seleccionada.
A partir de ahí comenzó una etapa marcada por los viajes y la organización familiar. Durante dos años mantuvo su vida en Baradero y viajaba dos o tres veces por semana para entrenar en Boca, mientras intentaba compatibilizar el básquet con el colegio. “Era más viaje que entrenamiento”, recordó al describir aquella rutina.
Este año se mudó junto con su hermana para reorganizar su vida alrededor de las exigencias deportivas y educativas. El cambio le permitió dejar atrás parte de los traslados, aunque el esfuerzo cotidiano continúa.
Las tres contaron que pasan buena parte del día en el club. Entrenan por la mañana y por la tarde, mientras que sus estudios se organizan mediante un programa de alto rendimiento de una escuela pública cercana, con gran parte del trabajo en modalidad virtual. “Estábamos en el club todo el día, desde las nueve de la mañana, que salíamos de casa, hasta las ocho, cuando terminábamos el entrenamiento de nuestra categoría. Vivíamos ahí”, explicaron.
La rutina refleja una parte menos visible del desarrollo deportivo: detrás de cada oportunidad hay horarios, decisiones y sacrificios para sostener el entrenamiento sin dejar de lado la educación.
Los nervios del debut y la espera por una oportunidad
Emilia ya tuvo su primera experiencia en la Liga Femenina y la describió con una sinceridad que provocó las risas de sus compañeras.“Fue hermoso y horrible a la vez”, contó.
La ansiedad apareció antes de entrar a la cancha. Mientras estaba en el banco, llegó a esconderse detrás de sus compañeras en partidos en los que Boca tenía una diferencia amplia, con la esperanza de que no la llamaran para ingresar.
Finalmente, el momento llegó. Emilia recordó que estaba tan nerviosa que se puso pálida y llegó a marearse. El debut, lejos de ser una experiencia exclusivamente feliz, estuvo acompañado por la presión de enfrentarse por primera vez a una competencia de ese nivel.
El segundo partido, ante Unión Bahía, fue diferente. Después de superar los nervios iniciales, pudo sentirse más tranquila y empezar a familiarizarse con el ritmo de la Liga.
Para Lara Picat y Gaby Ali, en cambio, la espera por los primeros minutos continúa. Ambas reconocieron que sienten ansiedad, pero también entienden que deben seguir trabajando y estar preparadas cuando llegue la oportunidad.“Hay mucha ansiedad, pero nada, esperando el llamado o algo. Seguir entrenando y ver cuándo toca”, explicaron.
El proceso exige paciencia. Entrenar con el plantel superior es un paso importante, aunque ganarse un lugar en la rotación requiere tiempo, constancia y adaptación a las exigencias de Primera.
Aprender de las más grandes
En esa adaptación, el acompañamiento del cuerpo técnico y de las jugadoras experimentadas ocupa un lugar importante. Las juveniles destacaron la predisposición para corregirlas y ayudarlas a entender las exigencias del plantel.“Entiende que todavía estamos en desarrollo, que estamos aprendiendo como equipo, y nos apoya un montón”, señalaron sobre el entrenador.
También valoraron la forma en que reciben las indicaciones durante las prácticas. “Siempre te lo marcan y te corrigen, pero de una forma re buena que te queda y no te pone nerviosa”, explicaron.
Compartir la cancha con jugadoras como Luciana Delabarba y Julieta Sienra representa un desafío, pero también una oportunidad para aprender. En los entrenamientos, las más experimentadas les dan indicaciones sobre cómo defenderlas y resolver situaciones que todavía están incorporando.
La defensa aparece como una de las principales herramientas para ganarse un lugar. La intensidad, la concentración y el compromiso en cada posesión son aspectos que las juveniles saben que deben aportar para responder a las necesidades del equipo.“Vamos a defender al 150%. Si nos ganamos un lugar, va a ser en defensa”, resumieron.
El sueño de crecer con Boca
Fuera de la cancha también hay historias que muestran la relación entre las jugadoras. Durante la charla recordaron un viaje a Chile en el que terminaron alentando a un equipo que les había gustado durante un partido en Brisas. El entusiasmo fue tal que, cuando se consagró campeón, se metieron a la cancha para festejar, ante la sorpresa del entrenador.
También contaron otras anécdotas del viaje, entre canciones improvisadas y alguna travesura que terminó con un reto. Son momentos que forman parte de una convivencia en la que las exigencias deportivas se combinan con la amistad y el humor.
Al hablar de sus objetivos, las tres coincidieron en que quieren seguir creciendo y aprovechar la oportunidad de formar parte de una etapa importante para el básquet femenino de Boca. El sueño de ser campeonas apareció en la conversación, al igual que la posibilidad de celebrar un título en la Bombonerita.
Por ahora, los objetivos son más inmediatos: entrenar, aprender, adaptarse al ritmo de Primera y estar preparadas cuando llegue la oportunidad de jugar. Emilia ya atravesó su debut; Lara y Gaby continúan esperando el suyo.
Sus recorridos son distintos, pero comparten una misma referencia: el club en el que se formaron y que hoy les permite acercarse al máximo nivel. En sus testimonios hubo viajes, jornadas enteras de entrenamiento, nervios y muchas ganas de crecer. También quedó una idea que atraviesa toda su experiencia: los logros individuales tienen otro valor cuando se comparten con un grupo que acompaña desde el comienzo.
Para Emi Fortese, Lara Picat y Gaby Ali, el desafío recién empieza. Todavía tienen mucho por aprender y oportunidades por esperar, pero ya dieron un paso que, como ellas mismas reconocieron, todavía les cuesta creer. Y mientras trabajan para ganarse un lugar en Boca, mantienen intactas las ganas de seguir creciendo con la camiseta que las acompañó desde las inferiores.
