Jano Martínez tenía apenas siete años cuando encontró la manera de llegar a un entrenamiento incluso cuando sus padres no podían llevarlo. Vivía cerca de Villa Mitre, en Bahía Blanca, y un día escuchó el ruido de una pelota que picaba. Se acercó para descubrir qué había al lado de su casa y encontró una cancha de básquet. A partir de entonces, el club se convirtió en una parte central de su vida. Llegó al punto que llegó a inventar una excusa para que su abuela lo llevara a entrenar con una categoría más grande.
Nacido el 24 de abril de 2003, el base de Ferro construyó su carrera desde una ciudad en la que el básquet forma parte de la identidad deportiva. Con el paso del tiempo, aquella pasión lo llevó a la Liga Nacional, a consolidarse en el equipo de Caballito y a convertirse en uno de los jóvenes destacados de la competencia. En su paso por UCU TV, Martínez repasó ese recorrido, habló de lo que significa haber encontrado en Ferro un lugar para crecer y compartió los objetivos que todavía tiene por delante.
Villa Mitre, el comienzo de todo
La historia de Jano con el básquet empezó prácticamente al lado de su casa. Después de descubrir la cancha de Villa Mitre, probó y se enganchó con una actividad que rápidamente pasó a ocupar buena parte de sus días. Desde el comienzo sabía que su altura podía representar una dificultad en un deporte en el que las condiciones físicas suelen marcar diferencias, pero encontró en la pasión y en las ganas de aprender una motivación para seguir adelante. “Creo que esa pasión fue lo que me llevó a estar acá hoy”, explicó al recordar sus primeros pasos.
El club se convirtió en su segundo hogar. Martínez recordó que pasaba tantas horas allí que tenían que ir a buscarlo para cenar y destacó la importancia de entrenar con jugadores de categorías superiores, una experiencia que le permitió aprender y acostumbrarse a compartir espacios con personas más grandes. Esa determinación apareció muy temprano: cuando tenía siete u ocho años, como sus padres trabajaban y no podían llevarlo a entrenar con una categoría de diez años, organizó un plan para conseguir que su abuela lo acompañara.
Jano le avisó a su mamá que por la tarde le iba a doler la cabeza, con la intención de que su abuela fuera a buscarlo. Aunque la mujer no estaba convencida de dejarlo entrenar, él insistió y consiguió llegar al club en taxi desde la otra punta de Bahía Blanca. La anécdota, que contó entre risas, refleja una característica que lo acompañó durante su formación: las ganas de estar en una cancha y de aprovechar cada oportunidad para jugar. “Me encantaba pasar tiempo en el club. Me encanta. Estaba todo el día, me tenían que ir a buscar para cenar”, recordó.
Aquellos años también estuvieron marcados por la presencia de sus hermanos. Lautaro compartía con él algunos momentos en la cancha de básquet, aunque Jano bromeó con que no era tan bueno como algunos imaginaban. También recordó que probó con el fútbol durante una semana antes de darse cuenta de que no era lo suyo. Con el tiempo, ambos encontraron su camino en deportes diferentes, pero conservaron una relación muy cercana.
Ferro, el salto que cambió su carrera
Después de formarse y competir en Villa Mitre, Martínez encontró en Ferro la oportunidad de dar un paso decisivo. Su llegada al equipo de Caballito significó mucho más que un cambio de camiseta: fue el momento en el que empezó a sentirse plenamente un jugador profesional. “Ferro fue el que me abrió las puertas a ser un profesional”, afirmó, al explicar que, aunque ya jugaba en la Liga Argentina, todavía sentía que permanecía dentro de una zona de confort, cerca de su casa y del club de toda la vida.
La propuesta de Ferro lo llevó a salir de ese contexto conocido y asumir un desafío diferente. La decisión fue rápida: cuando recibió el llamado de los entrenadores, no dudó y se comunicó con Villa Mitre para informar que se marcharía. Martínez recordó que estaba en Miami, durante la Copa América, cuando tomó esa determinación. El cambio implicaba alejarse de su entorno habitual, pero también la posibilidad de crecer en una competencia más exigente y empezar a construir su propio recorrido.
La adaptación llegó durante la primera temporada, mientras que en la segunda consiguió consolidarse como base y asumir mayores responsabilidades en la conducción del equipo. “Trato de aportar lo que pida el equipo”, explicó al evaluar su evolución. La temporada 2024-2025 terminó de confirmar ese avance: fue elegido jugador revelación de la Liga Nacional y se convirtió en una de las piezas importantes de un Ferro que protagonizó una campaña destacada.
La Liga Sudamericana y un equipo que encontró su identidad
Uno de los momentos más importantes de la carrera de Martínez llegó con la consagración de Ferro en la Liga Sudamericana 2025. Para el base, el título fue el resultado de un equipo que logró conectarse y encontrar una identidad colectiva. “Creo que el primer momento en que conectamos como equipo fue lo que hizo que ganáramos la Sudamericana como la ganamos, invictos, casi sin ningún partido peleado”, contó al recordar el recorrido del conjunto de Caballito en el certamen.
La conquista tuvo un valor especial por la manera en que se produjo. Ferro encontró regularidad y sostuvo un funcionamiento que le permitió dominar buena parte de la competencia. Después, en la Liga Nacional, el desgaste acumulado empezó a sentirse. Martínez reconoció que el cansancio de toda la temporada tuvo su peso en la serie frente a Gimnasia de Comodoro Rivadavia, que terminó consagrándose campeón, y también destacó el nivel atlético del rival. De todos modos, el balance del año fue positivo: “Fue una temporada muy linda, muy buena”, resumió.
La experiencia dejó una base para los desafíos siguientes. Ferro quiere sostener el nivel alcanzado y seguir compitiendo por objetivos importantes, aunque Jano sabe que cada temporada presenta nuevas exigencias. La ilusión está puesta en pelear por la Liga Nacional y afrontar también la Basketball Champions League Americas, pero el propio Martínez reconoció que el primer paso será volver a acomodarse como equipo en una competencia local muy pareja.
Un base que disfruta más de asistir que de anotar
Dentro de la cancha, Martínez tiene una característica que define buena parte de su juego: disfruta generar situaciones para sus compañeros. Aunque puede asumir responsabilidades ofensivas, reconoció que dar una asistencia le produce una satisfacción especial. “Me gusta más asistir que hacer puntos”, contó durante la entrevista, en la que también habló de su gusto por intentar pases difíciles y buscar soluciones que requieren creatividad, aun cuando no siempre salen como espera.
Su estilo está marcado por la decisión y la lectura del juego. La altura es un aspecto que conoce y que condicionó sus comienzos, pero no lo considera un límite definitivo. En ese sentido, encuentra una referencia en Facundo Campazzo, uno de los bases argentinos a los que observa para seguir aprendiendo. “Creo que la altura, cuando entrás a la cancha y son los 40 minutos, pasa a segundo plano. Ahí es donde tenés que demostrar actitud, constancia en el trabajo”, explicó.
Esa mentalidad también se relaciona con su carácter competitivo. Martínez se definió como un jugador al que no le gusta perder y que cambia su manera de comportarse cuando entra a la cancha. Sin embargo, reconoció que esa intensidad puede llevarlo a tener malas actitudes o formas que necesita corregir. “Soy joven y tengo que aprender eso, tengo que cambiarlo”, admitió. Su crecimiento profesional, entiende, también pasa por aprender a manejar las emociones y encontrar un equilibrio entre la intensidad y el control.
La familia y el desafío de construir su propio nombre
La relación con su familia ocupa un lugar importante en la vida de Martínez. La cercanía entre los hermanos se mantiene a pesar de las distancias y de las exigencias de sus respectivas carreras. Cuando pueden, se visitan y viajan para acompañarse, mientras que sus padres hacen el esfuerzo de estar presentes siempre que sus compromisos laborales se lo permiten. Jano explicó que el deporte fue uno de los elementos que fortaleció ese vínculo y que compartir esa pasión los mantiene unidos.
Uno de los recuerdos más especiales que compartió durante la entrevista estuvo relacionado con el Mundial de Qatar 2022 y el gol de Lautaro en la final frente a Francia. Jano estuvo en la cancha y describió la experiencia como una emoción difícil de explicar. “Desde que arrancó la previa del partido ya se notaba un clima distinto. Cuando sonaron los himnos fue una locura, mucha emoción y, cuando terminó el partido, el gol que por suerte lo pudo hacer mi hermano fue una locura”, recordó. Para la familia, aquel tanto representó un desahogo después de las dificultades que Lautaro había atravesado y una alegría compartida con millones de argentinos.
Tener un hermano reconocido internacionalmente también implicó un desafío para su propia carrera. Durante un tiempo, Jano sintió que algunas personas lo valoraban principalmente por ser el hermano del delantero de la Selección Argentina. Su paso por Ferro empezó a modificar esa percepción y le permitió desarrollar una identidad deportiva propia. “Ferro también me abrió eso de poder hacer mi nombre. En el club me tratan como si yo fuera Jano y no el hermano de Lautaro”, explicó. Para el base, encontrar ese reconocimiento por su propio trabajo es una de las cosas más importantes que consiguió en Caballito.
El sueño de Selección
Martínez ya tuvo una experiencia con la Selección Argentina en la categoría U15. Participó del Sudamericano disputado en Uruguay y terminó como el máximo asistidor del equipo nacional y el tercer mejor asistidor del torneo. Aquel recorrido no tuvo continuidad en las categorías siguientes: la pandemia impidió que se disputara el Mundial de su generación y su paso por el seleccionado quedó limitado a esa etapa formativa.
Aun así, representar al país conserva un significado especial. “Es algo hermoso, algo único, algo que siempre soñás. Se disfrutó al máximo y espero en algún momento poder volver”, expresó. El desafío es grande, especialmente en una posición que cuenta con bases de experiencia internacional y nombres consolidados en la élite del básquet argentino. Martínez es consciente de esa realidad, pero no renuncia al objetivo de volver a entrenar con la Selección.
“Por lo menos entrenar sería algo lindo”, reconoció, aunque también señaló que necesita trabajar más en su juego individual para acercarse a esa posibilidad. Su postura combina ilusión y realismo: si la oportunidad llega, la disfrutará; si no, seguirá trabajando para mejorar. Es una manera de afrontar su carrera que se relaciona con el recorrido que hizo desde Villa Mitre, en el que la constancia y las ganas de aprender tuvieron un papel central.
Bahía Blanca, el lugar al que siempre vuelve
Cuando le preguntaron qué significa Bahía Blanca para él, Martínez no dudó en señalar que allí empezó todo. En esa ciudad descubrió el básquet, se formó en Villa Mitre y encontró una pasión que terminó convirtiéndose en su profesión. También destacó la influencia de crecer en un lugar identificado históricamente con este deporte, donde la competencia, los clubes y la manera de vivir el básquet forman parte de la cultura local.
Hoy, con una consagración internacional, el reconocimiento como jugador revelación y un lugar consolidado en Ferro, Jano Martínez empieza a escribir una historia propia en la Liga Nacional. El objetivo es seguir creciendo, ayudar al equipo a competir por nuevos títulos y mantener viva la ilusión de volver a vestir la camiseta argentina. Pero su recorrido también se explica en aquellas tardes en Villa Mitre, las ganas de entrenar con los más grandes y la decisión de aprovechar una oportunidad cuando apareció.
A los siete años, Martínez ya encontraba la manera de llegar al club incluso cuando parecía imposible. Esa determinación sigue acompañándolo en una carrera que todavía tiene mucho por delante.
Foto: Maru Álvarez (Instagram: @alvarezmarula).
