(Foto: ESPN)

Hoy cumple 59 años Dennis Rodman, quien es quizás el jugador más polémico de todos los tiempos en la NBA. Pese a que en los Pistons era un joven tranquilo con un talento imposible de dimensionar, con el correr de los años su personalidad fue mutando y se fue ganando ese mote de excéntrico.

En las últimas semanas, con el estreno de The Last Dance, empezaron a salir decenas de historias nunca antes contadas por sus protagonistas y el ex Pistons fue parte de la gran mayoría de ellas. Eso explica por qué era percibido como el más rebelde de la liga, ya que una vida de excesos y situaciones límite predominan en todos esos relatos.

Pero para poder entender por qué Rodman mutó a «The Worm» («El Gusano») es necesario también saber quién fue. Tuvo una infancia muy dura y, sumado a que su padre los abandonó cuando él era muy chico, su madre lo echó de la casa cuando estaba terminando la secundaria y no hacía nada para ayudar a sobrellevar el mal momento económico que estaban atravesando.

Tras dos años viviendo en la calle y seis meses en los que jugó para una universidad de Dallas, de la que se fue por mal rendimiento académico, llegó a la Southeastern Oklahoma State University. Allí desarrolló sus grandes habilidades como defensor, esas que lo llevaron a ser parte importante de la NBA desde mediados de la década de los ’80.

Su primer equipo fueron los Detroit Pistons, que eran liderados por Isiah Thomas, Dummars, Laimbeer y compañía, y comandados desde la banca por Chuck Daly, uno de los mejores entrenadores de la historia. Con los Bad Boys conquistó el título en dos oportunidades (1989 y 1990), además de haber alcanzado una final en la que cayeron a manos de los Lakers (1988). Ese equipo, además de ser el más odiado de la historia, demostró que las dinastías de los Celtics y los Lakers de los ’80 llegaban a su fin.

Luego de esos años dorados en Detroit, donde alcanzó el premio a mejor jugador defensivo de la liga dos años consecutivos, llegó la debacle. Su vida personal lo llevó al límite y a principios de 1993 lo encontraron dormido dentro de su camioneta con un rifle cargado a su lado. Él describió esa situación como una epifanía en la que el viejo Rodman había muerto, el que todos querían que fuera, y a partir de ese momento nació el que él quería ser.

Su segundo equipo en la NBA fueron los Spurs, a donde llegó para ayudar a David Robinson a llevar a un nuevo nivel a la franquicia de San Antonio. Pese a que su relación con los directivos no era la mejor, dentro de la cancha mantuvo su profesionalismo en todo momento y alcanzaron las finales de conferencia en 1995, donde cayeron a manos de los posteriores campeones, los Rockets.

A partir de ese momento, su vida deportiva volvió a los primeros planos y llegó a los Chicago Bulls, equipo que se estaba armando para retomar la senda del triunfo con el regreso de Michael Jordan unos meses antes. Junto a Scottie Pippen y Jordan, conformó uno de los mejores tríos de todos los tiempos y alcanzaron el segundo tricampeonato de la franquicia entre el 1996 y 1998.

Luego de eso y de la partida tanto de Jordan y Pippen como del entrenador Phil Jackson, Rodman siguió algunos meses más en Chicago, pero a principios de 1999 se fue a los Lakers, equipo en el que estuvo solamente un año. Tras ese fallido paso por el equipo de Los Angeles, volvió a Dallas, ciudad en la que había vivido en su infancia, pero esta vez para jugar en los Mavericks, otro equipo en el que no tuvo un buen nivel y jugó solo doce partidos entre expulsiones y suspensiones.

Tras ese fallido segundo paso, y a sus 38 años, decidió que era hora de decirle adiós a la NBA. Pero no al básquet profesional, ya que en 2003 se fue a jugar a los Long Beach Jam, de la D-League. Luego recaló en el Fuerza Regia de México y meses más tarde en Orange County Crush, de la ABA. En 2005 salió de América para irse a Europa, más precisamente a Finlandia, donde estuvo un año jugando en Torpan Pojat de la Korisliiga.

En enero de 2006 firmó un acuerdo de un partido con los Brighton Bears del Reino Unido, pero lo extendió para jugar dos más. Unos meses más tarde participó de dos encuentros de exhibición en Filipinas, donde integró un equipo conformado por ex jugadores de la NBA ante un combinado local en primera oportunidad y el seleccionado filipino en la segunda, siendo esta su última presentación como basquetbolista.

Una vez consumado su retiro, estuvo presente en varios eventos de lucha libre, pero su vida personal seguía siendo más importante para los medios. Estuvo envuelto en decenas de escándalos, que lo acompañaron desde que dejó los Pistons y aún hoy siguen presentes. Publicó varios libros hablando de su carrera como basquetbolista y también de su vida privada, aclarando situaciones de su vida que lo marcaron por el resto de sus días.

Un jugador que desde sus inicios en la secundaria en Dallas aprendió a hacerse valer por sí mismo y que, pese a que muchas veces parecía perdido, encontró por sus propios medios la manera de seguir adelante. Quizás la gente no esté de acuerdo con la manera en la que lleva su vida y pueda ser un mal ejemplo por todo lo que hizo fuera del rectángulo de juego, pero para él eso quedó atrás y, como lo explicó en su momento, él vive su vida a su manera, no como los demás quieren que lo haga.

Nota: Emiliano Iriondo / Twitter: @emi_iriondo