(Foto: NBA)

Con solo 18 le alcanzaba para superar a Kobe, pero su sed de ir por más es insaciable y él anotó 11 más. Esos 29 le sirvieron para ponerse por encima del ex-Lakers, quien alcanzó los 33643, y ahora tiene entre ceja y ceja a su nueva víctima: Karl Malone. El hombre que brilló en Utah llegó a 36928, por lo que todavía va a correr un poco más de agua debajo del puente antes de que James lo supere.

En el juego del 25 de enero de este año ante los 76ers, LeBron escribió una de las páginas más gloriosas de su carrera. Cuando encestó su tanto número 19, gracias a una bandeja a aro pasado en la que dejó atrás a dos defensores de Philadelphia, llegó a 33644 tantos en su trayectoria como profesional. Un hito que será muy difícil de superar y que a él lo deposita en el tercer escalón del podio de máximo anotadores detrás de Malone y Kareem Abdul-Jabbar.

Pero no podemos imaginar a LeBron ubicándose segundo en la lista sin primero pensar, recordar y repasar cómo fue que el Rey se puso en el tercer puesto de la tabla. Todo empezó en 2003, más precisamente el 29 de octubre, cuando los Cavaliers hicieron su debut en la temporada ante Sacramento. Se esperaba que James fuera una estrella a futuro, algo como sucede por estos días con Zion Williamson, pero su irrupción en la mejor liga del mundo fue de esas que se ven poco: 25 puntos con 12/20 en tiros de campo en 42 minutos de juego. LeBron había no solo abierto la puerta de entrada a la NBA, sino que la había pateado como solo él lo podía hacer.

En esa primera temporada, James promedió 20.9 puntos por juego, con una máxima de 41 en marzo de 2004 ante los Nets (todavía estaban en New Jersey) y cerró la 2003/04 con un total de 1654 unidades en su haber. Como todo buen rookie, mejoró sus cifras a la campaña siguiente y, en la 2004/05, James anotó 2175 puntos siendo el jugador que más tiros de campo encestó en toda la NBA, con 795. En otro apartado en el que lideró la liga fue en minutos jugados, con 3388, la marca más alta en toda su carrera.

Lejos de bajar su rendimiento, lo volvió a mejorar y en la temporada 2005/06 James anotó un total de 2478 puntos con un promedio de 31.4 y una efectividad del 48% en tiros de campo. La 2006/07 fue la de su primera final perdida, que fue ante los Spurs por 4 a 0. En ese período sus números bajaron pero siguieron siendo los de una verdadera estrella: 2132 tantos con 47% en tiros de campo y 69% en libres.

Luego de eso llegaron algunas temporadas de estabilidad y supremacía en lo personal pero no en lo grupal, ya que la franquicia nunca logró terminar de armar un equipo a su alrededor para ir nuevamente por una final. En esos años siempre estuvo por encima de los 2000 puntos al final de la temporada y cerró su primera aventura por Cleveland con un total de 15251 puntos repartidos a lo largo de siete temporadas.

Su llegada a Miami fue controversial desde el primer minuto. Fans quemando carteles, muñecos, camisetas, todo lo que fuera de los Cavs y tuviera su apellido iba a la hoguera. Lejos de agradecerle por haberlos llevado a una final, los hinchas de Cleveland se sentían decepcionados y usados porque, lejos de irse a otro equipo de mitad de tabla, LeBron ponía rumbo a una franquicia que estaba en proceso de construcción de una dinastía. En pocos años, cuatro temporadas, junto a Wade y Bosh llevaron a Miami a igual cantidad de finales de NBA de las cuales ganaron dos.

En ese tiempo, Lebron se mantuvo por encima de los 2000 puntos nuevamente a excepción de la primera, la 2010/11, cuando se dio el último lockout que llevó a la liga a disputar solo 66 partidos de temporada regular. En esa oportunidad, LeBron quedó en 1611. El total en su paso por el Heat fue la increíble cifra de 7919 tantos.

Luego de esos cuatro años en los que pasó del amor al odio decidió volver al lugar que lo había visto convertirse en leyenda, a Cleveland. Como por arte de magia la gente había olvidado las diferencias con el bicampeón y lo recibieron a lo grande: una fiesta multitudinaria en las calles de la ciudad, escenario montado ante el público, discurso del Rey ante sus súbditos y, para cerrar, fuegos artificiales. James volvía a casa e iba por lo que le faltaba, el título.

Los Cavs, pese a algunas limitaciones, se fueron armando con el correr de la temporada y volvieron a unas nuevas NBA Finals ante el equipo sensación de Steph Curry y compañia: Golden State Warriors. Lamentablemente para los del Este, los fantasmas de 2007 aparecieron y no pudieron conseguir el tan ansiado título. Por tercera vez en su carrera, LeBron quedaba por debajo de los 2000 puntos totales, convirtió 1743.

El anillo se les había negado en el primer año, pero no iba a suceder lo mismo en el segundo. Los Cavaliers se afianzaron como grupo, conservaron gran parte del equipo y, con Irving a su lado, James estaba listo para intentarlo nuevamente. Primero tenían que sufrir un poco: la serie de las finales, nuevamente ante los Warriors, se había puesto 1-3 e históricamente ningún equipo había podido dar vuelta unas finales en esas condiciones, hasta que llegaron los Cavaliers de LeBron. Dominaron los tres juegos siguientes, incluido el último en el que un tapón suyo valió prácticamente el título y, por primera vez en la historia, el trofeo Larry O’Brien se iba para Cleveland. Como había sucedido el año anterior, James no logró superar los 2000 puntos, pero quedó cerca: 1920.

Los dos años siguientes fueron en descenso para los Cavs. Más allá de que lograron acceder a las finales en las dos oportunidades, era muy distinto a lo que se había visto en 2016 y los Warriors, sabiendo que no podían relajarse un solo segundo confirmaron la llegada de Kevin Durant al equipo y se quedaron con el título en las dos oportunidades. Tras cuatro años, LeBron iba a volver a despedirse de Cleveland con 7868 puntos más, un título y, a diferencia de la primera vez, todas las camisetas con su nombre en alto para agradecerle por todo lo que había hecho.

El nuevo destino fueron los Lakers de Los Ángeles, dónde más puede estar una estrella como LeBron. El primer año fue complicado para él. El equipo no lograba hacer pie, no jugaba bien y encima se sumaron algunas lesiones que limitaron a James a jugar solo 55 partidos, la menor cantidad en una temporada en toda su carrera. Pese a que jugó poco, su promedio no fue malo (27.4 por partido) y terminó con 1505.

Para la 2019/20, los Lakers se rearmaron, contrataron a Anthony Davis y, junto a LeBron, llevaron a la franquicia nuevamente al primer puesto del Oeste. Hasta la suspensión de la temporada, James llevaba anotados 1544, con un promedio de 25.7 por juego y 49.8% en tiros de campo. A ese ritmo, podría haber superado nuevamente los 2000 como en sus mejores épocas para quedar más cerca de Malone, pero lamentablemente no va a suceder cuando la liga se reanude con una temporada de solo 8 juegos de temporada regular más la postemporada (a menos que promedie más de 40 unidades por encuentro).

La gran incógnita es hasta cuándo seguirá jugando. Tiene 35 años y, más allá de que tiene uno de los físicos más privilegiados del deporte en general, hace un año su cuerpo le avisó que no va a ser así para siempre. De todas maneras parece que entendió el mensaje y aprendió a llevar su cuerpo, en esta temporada se ausentó en tres juegos solamente teniendo una buena carga de minutos: 35 por encuentro.

Por el momento es una incertidumbre lo que podría pasar con la reanudación de la NBA en Orlando, debido a la pandemia que hoy en día tiene en vilo a todo el planeta. Lo cierto es que LeBron James, una vez que regrese a las canchas, pondrá su vista en dos objetivos: el primero es ganar el anillo con los Lakers y el segundo alcanzar a Malone y sus casi 37 mil puntos. Quizás no lo logre en la próxima temporada, pero seguramente lo hará en la siguiente y, viendo un poco más allá en el horizonte, los 38387 de Kareem no quedarán tan lejos como parece.

Nota: Emiliano Iriondo | Twitter: @emi_iriondo