Fabricio Vito, mejor árbitro de las últimas tres temporadas de La Liga Nacional, pasó por el aire de Paso Cero, en UcU Web Radio. Habló de su actualidad en cuarentena, su pasión por el arbitraje, su carrera, y contó varias anécdotas personales y profesionales.

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Su actualidad en cuarentena

“Últimamente estaba tratando de no escuchar para no ilusionarme con la vuelta, la posible vuelta, las burbujas… Hoy escuché a Gerardo Montenegro y a Fabián, y aparentemente va en serio, así que habrá que tomar los recaudos para llegar entero a la competencia”.

“Siempre digo que es como un electrocardiograma, que vas subiendo y bajando. Hay días que estás bien, otros que estás bajón, que no aguantás más. Acá en la ciudad bajaron un poco las restricciones, estoy yendo a andar en bici, salgo a caminar. En Berisso se permitió la pesca así que una vez por semana me escapo a tirar la caña al río para despejar la cabeza, pero tratando de llevarlo lo mejor posible”.

“Hoy estaba pensando que hace medio año que no toco la valija y me parece increíble. Nunca se termina de desarmar del todo, lo único que cambio es la ropa y abrigos o remera, pero nunca estuve sin tocarla tanto tiempo. Llena de polvo. Estoy desesperado de poder ir a los aeropuertos, de viajar en semicama, sin poder dormir bien, pero lo extraño mucho. Daría lo que fuera por estar en una terminal a las tres de la mañana con mi equipo de mate y escuchando música, esperando algún colectivo que me lleve a algún lado”.

“Estoy diciendo que cuando termine todo esto desinstalo Zoom, desinstalo Meet, Skype, pero nos sirvió mucho por las instrucciones con el Colegio profesional y la escuela de árbitros. En septiembre tengo charlas todos los días, y ahora estamos con el 3×3, que es lo primero que va a volver”.

A nivel económico hace seis meses que no vemos nada. Somos monotributistas, vivimos de lo que arbitramos. Estaba yendo a Aeroparque para pitar el tercer juego de semis de la Champions en Santiago y me bajaron del avión. Desde ese día que no veo de cerca un peso. Así que estamos esperando que, si Dios quiere, vuelva todo en noviembre”.

Su pasión por el básquet y el arbitraje

“Yo soy un apasionado de mi deporte. Estuve muchos años como jugador y ahora hace muchísimos años más que lo hago como árbitro. Me siento todos los días a ver básquet, la NBA, me miré todos los partidos de la Liga Endesa. Cuando se me cruza un partido de básquet lo miro. Quizás lo hago como árbitro para ver determinadas situaciones, para estudiar el comportamiento de la NBA ahora, pero lo disfruto mucho. Amo el deporte y lo miro simplemente todo”.

“Aproveché los primeros tiempos de cuarentena para mirar todo el período entre 2002 y 2004 de la Generación Dorada, y me llamaba mucho la forma de arbitrar y de juego. Hoy en día esos contactos serían todos pedidos de antideportiva por los jugadores, y nosotros pitaríamos mucho más. Se arbitraba de dos personas, era un juego completamente distinto. Hoy van, vienen, corren, con esto de Houston del smallball, de correr y tirar, que van, vienen como locos, y nosotros tenemos que estar palo a palo con los jugadores».

“Antes se permitía más contacto, porque eran dos árbitros. Era más friccionado y no había tanto control de los árbitros. Hoy se pita más, FIBA nos pide que pitemos más, que no permitamos trampas o simulaciones, por eso los criterios de los flops y antideportivos”.

Con respecto al arbitraje de la final del Mundial 2002, entre Argentina y Yugoslavia, respondió: “Es ponerme en un lugar medio incómodo. Sobre todo porque uno de los árbitros que estaba en ese partido, Reynaldo Mercedes, no Pisilkas, es muy amigo mío, y yo se por todo lo que pasó él. Se el sufrimiento que le causó y todas las cuestiones que le pasaron. Inclusive cuando vino al preolímpico de 2011 en Mar del Plata, que Olé creo que había sacado una nota, y en la cancha tuvo problemas con la gente. Descreo que haya sido adrede. Creo que fueron errores groseros y que cambiaron el resultado del partido seguramente, pero desde mi posición es medio feo tener que salir a decir o bancar algo que todo el mundo vio”.

“En ese momento Reynaldo Mercedes tenía 23 años, era un nene. Y quizás el error no fue de él, sino haberlo puesto en ese juego, sin tanta experiencia. Pero bueno, convengamos que el error grosero viene del otro lado, del árbitro con más experiencia, y después medio como que lo reconoció. Nosotros convivimos con el error constantemente, y la verdad no nos es grato pifiar, y sobre todo en un mundial. Pifiar algo así en un mundial es tremendo, y la verdad es que no la pasamos bien pero es algo de nuestro laburo”.

“Obviamente hay excepciones, pero creo que a la gran mayoría de los jóvenes, y no sólo árbitros sino también jugadores, les falta pasión hacia algo. El querer llegar a donde llegamos, a donde tuvimos la suerte de llegar, pero también el trabajo y las ganas de llegar. Me pasa que yo tengo hijos y los dos son deportistas, y que le digan a mi hija, ‘quedate a entrenar con mayores’, y que mi hija diga, ‘no, prefiero irme a ver a mi novio’, por ejemplo. Esa falta de compromiso veo. Y llevado al arbitraje también. Los pibes como que tienen la oportunidad y no la valoran. Yo, para llegar a la Liga A, más o menos tenía que esperar que se mueran todos los árbitros que había, porque antes no podías llegar si no se iba uno. Hoy en día con la apertura de la AdC al arbitraje de tres en la Liga Nacional, se hizo un trabajo, la Escuela Argentina hizo un trabajo importante, y se sumaron muchos árbitros jóvenes con mucha proyección, pero que no tuvieron que hacer el esfuerzo y sacrificio que hicimos nosotros. Y esa poca valoración es algo complicado. Obviamente hay algunos que son apasionados, enfermos, y yo me siento representado en eso”.

“Creo que es algo cultural, que hay tantos caminos, y vos podes elegir 4000 caminos distintos, al mismo tiempo, y eso hace que evites poner el foco en algo. Y capaz que está bien y es normal. Yo te digo desde el punto de vista como lo vivía yo. Yo trato de ser el mejor pero desde el trabajo, desde el scouting, desde mirar partidos, desde observar a los jugadores, más allá de que los conozca, escuchar charlas de entrenadores, escuchar qué les gusta y qué no a los protagonistas de los arbitrajes. Pero lo hago yo, que soy un enfermo y que me encanta mi laburo”.

“Creo que es posible contagiarlos. Mucha gente me pregunta por qué sigo arbitrando el básquet de La Plata. Yo lo hago en devolución a mi asociación, a la Asociación de Árbitros de mi ciudad y para acompañar el desarrollo de los árbitros. Porque yo voy a una cancha a dirigir Primera división acá en La Plata y corro como si fuera mi primer partido de básquet, como corro en la Liga Nacional o en un partido internacional. No es que porque dirijo en la Liga o porque me eligieron alguna vez el mejor la llevo de taquito, no. Yo me genero el compromiso de demostrar y eso es una muestra para los árbitros jóvenes que tienen que ir por ese camino”.

“Hoy en día, tanto la Escuela Argentina de Árbitros, el Colegio Profesional, como FIBA, apuntan a determinados estereotipos. Tienen que ser atléticos, saber manejar inglés, tener buena presencia. Y después en la cuestión del silbato no se busca tanto árbitros sin experiencia, pero se les da la oportunidad. Y después bueno, encaminar el trabajo a través del conocimiento, el estudio, y el querer llegar, el tener ganas. Se está haciendo un buen trabajo y hay muchos árbitros con buena proyección, de todo el país. Por ejemplo en mi ciudad hay un chico que se llama Franco Ronconi que empezó a pitar Liga Argentina el año pasado, que ya pitó Champions League, que fue a Cuartos de final de Champions League conmigo. De FIBA me llamaron y me dijeron que iba a ir con él, que trate de acompañarlo de darle una mano. Y como Franco hay muchísimos árbitros, jóvenes de todo el país, que tienen ganas de crecer y que tienen buen futuro”.

La rutina y su experiencia en torneos internacionales

“A los torneos internacionales vamos tres o cuatro días antes de que arranque la actividad, porque están las reuniones previas, que son todo el día, tanto de parte técnica o física. Cuando arranca el torneo te toca un juego por día. A la mañana está la activación de parte física. Dependiendo el horario de tu juego organizás la charla prepartido en el hotel con tus compañeros o descansás, y después del partido tenés que hacer una entrega de un trabajo, que es el postgame, que tenés que cortar videos, ver el juego que arbitraste y enviar todo a la Comisión técnica. Al otro día a la mañana generalmente hay una reunión donde te dicen las cosas que erraste, que acertaste. Ni bien termina el partido tenemos la devolución inmediata del Comisario, del instructor del juego, y te va diciendo. Vos tenés que recordar todo lo que sucedió. Y te pregunta por qué pitaste foul ofensivo en tal situación, y no le podes decir ‘no me acuerdo’.”.

“Sabemos que es así y vos ya sabés más o menos por donde viene la situación. Te hacen una devolución, muchas veces con videos porque te los preparan en el momento, y te preguntan cuál fue tu decisión y por qué. Es un trabajo que está bueno, que lleva su tiempo, no es que estamos un partido y después todo el día en la playa o en la pileta. Está el tiempo para hacer lo que cada uno quiera, algunos van al gimnasio, otros van a descansar, otros a la playa; yo si hay playa voy a la playa. Pero cada uno se maneja como quiere”.

“Con las charlas con los comisarios o instructores uno puede dar su punto de vista, pero sirve para crear un criterio arbitral para todos los involucrados, entonces todos tenemos los mismos criterios para todo el torneo. Ellos lo que te dicen es: ‘vos no podés inventar cosas. Vos tenés que pitar lo que se ve, no suponer que pasó algo. Es preferible no pitar algo que no viste, a pitar algo que suponés que sucedió’. Entonces te dan tips de mecánica, dónde tenes que estar ubicado, que te ayuda a arbitrar. Vos sabés además tu área de responsabilidad, dónde tenés que mirar, no es que estás mirando la pelota constantemente, porque por algo hay 3 árbitros. Hay cosas que son fijas siempre. Y después el jefe de los árbitros de ese partido dice cuál es el plan de juego. No es uniforme, porque quizás un equipo juega a tener el control de la pelota, otro a correr y tirar, otro al poste bajo, pero hay determinadas situaciones que son siempre iguales”.

Los jugadores de primer nivel son muy respetuosos. Uno cuando pita en Argentina, puede ir a pitar en cualquier parte del mundo que no le asusta nada. Con Kobe (Bryant) me pasó que sabía que era argentino, y me hablaba de lo bien que se juega al básquet en Argentina. Hablaba muy bien medio español/italiano, pero se hacía entender mucho. Pero sí, me han tocado dirigir muchos jugadores conocidos. Veo hoy a Tatum, de Boston Celtics, y yo lo pité en el Mundial U19 de Grecia en 2015 y yo ahí ya veía que el tipo iba a ser un fenómeno. A Murray también, lo pité en los Panamericanos de Toronto, y también, son jugadores que vos ya ves que van a explotar en algún momento y está bueno haber compartido pista con ellos. También hoy veo muchos compañeros con los cuales arbitré también. He pitado con árbitros NBA y me da placer verlos ahora. He pitado con muchos árbitros españoles que pitan Liga Endesa y se terminan los juegos, les mando audio, nos escribimos. Tenemos ese trato y está bueno”.

“Me pasó en el Premundial U18 en San Antonio, en 2010, que me tocó arbitrar con Anthony Jordan, que llevaba cinco años de experiencia en la NBA. Y el primer partido que me toca con él me toca de primer juez. Fui al vestuario y le dije: ‘Mirá, discúlpame, a mí me da vergüenza tener que darte la charla prepartido a vos, que vos pitás NBA, a estos monstruos, y yo pito en La Plata’. Y el tipo me dijo: ‘acá vos sos el jefe, yo escucho todo lo que vos me digas, y todo lo que vos me digas lo vamos a hacer’. Y me pasó varias veces de ver que se les confunde el tema de las reglas. Hay muchos de ellos que en el verano se acostumbran a pitar FIBA para no perder el ritmo. Pero se basan mucho en sus compañeros, eso los ayuda mucho, y son muy permeables, no es que se creen mega estrellas y no se les puede decir nada”.

Su tweet sobre los insultos: ¿eso también extraña?

“Yo me divierto mucho en la cancha. Disfruto mucho mi laburo, capaz que tengo que ir más al psicólogo, porque disfruto que me insulten. Y cuando no me insultan me parece extraño. Pero mi forma de ser es extrovertida, y quizás establezco un mínimo diálogo con algún plateista que lo veo siempre. Muchos de los que respondieron mi tweet son plateístas que nos conocemos y con los cuales hay una relación. Yo me divierto y extraño absolutamente: desde armar la valija hasta las puteadas”.

“A los 19 años yo pitaba Liga Nacional Femenina, cuando me inicié se pitaban las dos ramas al mismo tiempo. Y mi primera incursión al femenino fue bastante exitosa y empecé a pitar la Liga. Fui a un partido en Sunderland, ahí en Villa Urquiza, y un plateista me díce: ‘Todo lo que ganes acá no te va a alcanzar para comprarte los remedios porque acá te vamos a matar’. Esa la recuerdo, y después hay miles, y hay algunos hasta graciosos, que te reís. La gente es creativa, yo creo que está en la casa sabiendo quién va a dirigir, y si ven algo, o sacan data, hacen un scouting de los árbitros y le tiran algo con eso. Como hacen ustedes, como hacemos con los jugadores nosotros que sabemos qué pueden hacer, esos saben quién va a dirigir y las cosas que le pueden decir”.

“La AdC no quiere que La Liga sea un cotolengo. Y si vos ves un plateista que está enajenado, sacando el torso por fuera de la baranda y eso mucho no gusta, ahí el árbitro o el Comisionado Técnico, toma la decisión de sacarlo de la cancha, para evitar esto de que el árbitro se ponga en policía de toda la manzana, y tenga que andar mirando a la gente y perderse el juego”.

“Una vez eché a una voz del estadio, en un clásico de Santiago del Estero, era la primera vez que iba público de los dos equipos. El que hablaba incitó a la violencia, diciéndole que le griten a los rivales, así que agarré y lo rajé, pero como fue entre cuarto y cuarto quedó medio solapada”.

¿Es posible la experiencia NBA?

Hubiera sido un sueño dirigir en la NBA. Yo debería haber nacido 12.000 km más al norte. Me encanta todo el circo que es NBA, el juego, cómo se pita, disfruto mucho. Algunos me escriben y me preguntan cómo me da la cara para hablar de cómo pitan allá. El otro día hice un comentario de los dos fouls de los 3 puntos en el partido entre Miami y Milwaukee, y bueno, es mi opinión, es mi punto de vista. Creo que aclaré que los árbitros también estuvieron en parate y eso hace que uno pierda el ritmo. Ahora cuando volvamos en noviembre la de barbaridades que nos van a salir, que hace seis meses que no tocamos el silbato. Así que, lo lamento por jugadores y entrenadores, banquennos. Ellos van a errar, nosotros también, seguro”.

“Tengo muchos amigos que hicieron el intento para llegar a la NBA. Se arranca en el High School, después vas a la NCAA, y después te abren la chance, te invitan a la Summer League y después tenés 2/3 años de eso y tenés la posibilidad. Ahora creo que se abrieron más las puertas, pero si no sos nacido en Estados Unidos es bastante complicado. Omar Bermúdez, un chico mexicano que vive a 10 minutos de San Diego, ahí justo en la frontera, hizo todos estos pasos y creo que va a ser el primer latinoamericano de FIBA en llegar a la NBA, pero es dificilísimo”.

Su experiencia dirigiendo un Afrobasket

“Dirigir el Afrobasket fue una cosa muy extraña. Creo que soy el único argentino que fue invitado. Los invitados fuimos un venezolano, un ucraniano y un griego. Me tocó estar 10 días en Senegal, y la última semana en Túnez, donde se jugaba la parte final. Fue muy extraño. Desde tener que darme 10 vacunas antes de llegar a Senegal, hasta llegar y que no me vaya a buscar nadie al aeropuerto, y que se hable francés y nadie entienda qué hacía ahí, porque yo hablaba inglés, hasta correr la prueba física, y que como no tenían líneas para marcarnos la distancia nos ponían cartones. Y después me tocó arbitrar países que no tenía idea que existían, y eso que amo la geografía, los países, todo”.

“Estuvo buenísimo, fue una experiencia tremenda. Creo que el primer o segundo día llegué al hotel y me dolía mucho la cabeza, pero no sabía por qué, pensé que podía ser el jetlag. Al mirar el partido, me di cuenta que estuvieron dos horas sonando las vuvuzelas, esas del mundial de Sudáfrica. Estuvieron dos horas con eso: me explotó el cerebro. Y el show de todos los africanos bailando en la platea, todos de un lado para el otro. No, la verdad estuvo tremendo, fue genial, una experiencia hermosa, irrepetible”.

“Estuve como 9 horas en el aeropuerto como un vagabundo hasta que vi que llegó el ucraniano: blanco, dos metros y pelado. Lo ví y me tiré encima, lo abracé como si fuera mi novia. Y el tipo no entendía nada. Él ya había arreglado todo, había mandado mails diciendo que llegaba a tal hora, y por eso a él lo estaban esperando. Así que me sumé a la caravana y pude llegar al hotel”.

“A lo largo de los años fui generando mucha empatía con compañeros de todo el mundo. De 2011 a 2017 me tocó ir todos los años a un torneo Mundial o Panamericano, e íbamos más o menos siempre el mismo grupo. Entonces se generaba esa unión, esa onda. Me pasó con dos españoles, Antonio Conte (el árbitro de España-Francia) y Juan Carlos García González, de tener mucha onda. Pero me pasó con un árbitro que ahora pita Euroliga, Damir Javor, de Eslovenia. Me pasó de pegar muchísima onda, pero muchísima. Y cuando fue designado para los Juegos Olímpicos de Río, que yo era uno de los candidatos y me tocó, y me llamó por teléfono diciéndome que quería que esté ahí, porque yo me lo merecía. Bueno esas cosas hacen que pegues tanta buena onda, con árbitros que ves una vez al año como máximo, como los europeos, porque a los americanos los veo, sea por Sudamericano, BCLA, pero a los europeos, o africanos, o asiáticos los ves una vez por año con suerte”.