De MVP a la descalificación

Más allá de que la sanción de la falta de Nikola Jokic pueda discutirse, esto no tiene sentido analizarse aquí. Desde la psicología se puede tomar el hecho como un ejemplo de pérdida del autocontrol. Por otro lado, Patrick Beverly venía siendo importante para su equipo, principalmente en lo defensivo, durante las Finales de Conferencia Oeste, hasta que repentinamente se lo observa empujando a Chris Paul camino al tiempo muerto, lo cual puede pensarse como exceso de agresividad por carencia de autocontrol.

El MVP que se desborda en el cierre de “su temporada”, el defensor frustrado que agrede irresponsablemente al rival, parecen haber carecido de autocontrol. Ahora bien, ¿Cuándo puede suceder eso? La exigencia por mantenerse siendo el mejor o aportando para que el equipo siga con chances y el desajuste que el rival crea en estos deseos o expectativas genera inicialmente un aumento de los niveles de frustración, que suelen venir acompañados con una gran ansiedad por evitarlos o superarlos.

La ecuación parece ser simple: ‘esperaba que mi rendimiento sea óptimo, con ese nivel mi equipo tendría altas chances de vencer. El buen nivel no está alcanzando o no lo estoy encontrando.’ Los niveles de frustración en el tiempo van en aumento y la ansiedad por recuperarse en el marcador o en el rendimiento aumentan a medida que el tiempo se acorta. Las expectativas iniciales, propias y del entorno no se cumplen. La pérdida de autocontrol es inminente y la reacción desmedida aparece. Y el jugador o el equipo resultan perjudicados.

Esto que ha pasado en la NBA es algo que aparece también de cuando en cuando, en todas las competencias: protestas desmedidas que culminan en faltas técnicas, faltas flagrantes o antideportivas o bien faltas innecesarias. Situaciones de pérdida de control o de excesos, que diezman al equipo con la ausencia de sus jugadores clave en los momentos de definición, trayendo en general resultados negativos.

Desde el aporte de la psicología deportiva, más allá del análisis, puede trabajarse en el autoconocimiento y en el ejercicio de mecanismos o modos de autocontrol emocional. Mirar en perspectiva la temporada y asumir la posibilidad de que haya rivales que estén mejor o que uno no haya estado en plenitud. Comprender la importancia de “estar en juego con el equipo más allá de un mal momento de partido”. Recordar el aumento de la presión que existe en los Playoffs o en situaciones de definición. Esas son algunas de las consideraciones a tener en cuenta en la preparación mental de los deportistas, especialmente en aquellos que han tenido una muy buena temporada y/o son de importancia vital para el equipo.

La preparación puede consistir en la puesta en conocimiento de la situación que se viene por delante, en la adquisición de algunas herramientas específicas para mantenerse en autocontrol emocional (respiración, autodiálogo o visualización) y de generar un ambiente de tranquilidad para el desarrollo deportivo con el menor nivel de contaminación posible. En términos generales, se trata de generar un espacio donde el pensamiento y la comprensión de lo que se está jugando no provoque una reacción impulsiva, sino que se intentan buscar formas distintas de asimilar la frustración, generar un nuevo desafío y provocar un nuevo aprendizaje.

Crear espacios mentales que puedan filtrar respuestas desadaptativas, contextos de equipo donde la presión sea repartida entre varios y buscar maneras adaptativas para mantenerse en control emocional, son en términos generales, aquello que puede prevenir estas reacciones. Además de saber que un partido o una mala noche, más allá del mal sabor que deja, como diría Luis Scola, no determina una carrera.

 

Nota: Lic. Gustavo Mena

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