Foto: @FacuGFX

“El ataque gana partidos, la defensa campeonatos”

Es 1989 y Detroit Pistons reina en la NBA. La agresividad de los dirigidos por Chuck Daly, quien dijo esa frase, es tal que los apodan los Bad Boys. Sangre, sudor, lágrimas, moretones y peleas. Sacan de quicio a sus rivales. No conocen otra forma de triunfar. Su fórmula tiene éxito. Dos anillos y el fundamento de que fueron los únicos en la historia del básquet que lograron detener y derrotar a Michael Jordan y los casi invencibles Bulls de los 90. 

El relato continúa y rendir atrás significa conseguir resultados esperados a largo plazo. Una buena defensa gana títulos. Eso no cambió, y seguramente jamás lo hará. Milwaukee Bucks, Los Angeles Lakers, Golden State Warriors, Cleveland Cavaliers… La lista de los que se llevaron el anillo en los últimos años justifica la máxima. 

Sin embargo, otro axioma que se desprende de esta afirmación es que individualmente hay una contradicción. En la NBA lo trascendental para un jugador es poder ser una amenaza defensiva. Anotar de tres puntos es nodal, poder crear sus propios lanzamientos es otra habilidad extra que la mayoría de las franquicias busca. Sin esas dos herramientas de trabajo, muchos quedan relegados a roles secundarios o directamente no son utilizados por los entrenadores.

Lamentablemente, esto viene ocurriendo con Facundo Campazzo en Denver Nuggets. Luego de una temporada de adaptación en la 2020/21, lo lógico hubiera sido que el argentino eleve sus porcentajes de tres puntos, su media anotadora y la facilidad para convertir por sí mismo, junto con sus atributos de siempre (las asistencias y la defensa).

Desafortunadamente nada de eso pasó y el exintegrante del Real Madrid continúa luchando para ambientarse en el sector ofensivo, especialmente desde la tercera dimensión. 

Históricamente el armador sufrió con su tiro, pero siempre superó los obstáculos, mejoró sus porcentajes y silenció a los críticos y los técnicos que decidían que sus dirigidos les pasaran por detrás en las cortinas directas. 

Aunque, también, ese proceso fue paulatino, pausado y calmado, y necesitó de muchas campañas de aclimatación.

Este paradigma se produjo primero en Peñarol. En su temporada debut en la Liga Nacional, la 2008/09, según World Hoop Stats, disputó apenas 24 partidos (130 minutos en total) y anotó apenas siete de sus 19 intentos de tres puntos (37,0%). La media empeoró en la campaña siguiente, en la que ya tuvo más participación (48 juegos, 928 minutos), y convirtió solo 45 de los 128 triples que lanzó (35,0%).

El descenso continuó en la 2010/11, cuando Campazzo tuvo un porcentaje del 34,0% desde la tercera dimensión, lanzando más (166) y, valga la redundancia, fallando más (110). 

¿Qué pasó en la 2011/12? Su objetivo fue mejorar el tiro de tres, especialmente desde el dribling en el pick and roll (en el que el interno cae a la pintura) o el pop (en vez de irse a la llave, se abre para el lanzamiento lejano), para que se creen otros espacios y el ataque no se estanque ni dependa del juego en transición. 

Por supuesto que se afianzó y pasó del 34,0% al 43,0%, convirtiendo 123 de sus 286 intentos para transformarse en uno de los guardias más efectivos desde la línea de tres. Era el paso que le faltaba para conquistar la Liga Nacional. Dominó desde ahí. 

La irregularidad en ese aspecto siempre estuvo, desde sus inicios hasta la actualidad, mejore o no con el tiempo. Eso se vio en la campaña 2012/13, la anteúltima antes de irse al Viejo Continente. Del 43,0% al 31,0%… Como una criptomoneda, subió y bajó con celeridad. Al no ser un tirador natural, es algo normal, sobre todo en edades jóvenes. Y Campazzo tenía 22 años al terminar ese periplo. 

Se sobrepuso en la etapa siguiente y su porcentaje trepó al 38% al ajustar su mecánica en la pretemporada a base de repeticiones incansables y distintos driles que le permitieron volver a ser el mismo de antes. 72/190 en triples y un campeonato para despedirse de Argentina de forma soñada. 

Sus primeros años en España, al igual que sucedió en su país y la NBA, no fueron los ideales en la línea de tres. El paradigma se repitió. 33,3% en los tres torneos que disputó en la 2014/15 con Real Madrid, de acuerdo con datos de Real GM. 33,7% en la campaña siguiente con UCAM Murcia. 31,2% en la 2016/17 en los dos certámenes con los universitarios… 

Siempre le costó endulzar su vaso de café en las temporadas iniciales de las nuevas competencias.

Al volver al Real Madrid sí que estaba listo para conquistar definitivamente Europa. Mecánica rápida sin agacharse en demasía, parábola ideal y alta para facilitar el ángulo de ingreso del balón al aro, pies bien encuadrados y una confianza que estaba llegando al cielo. 

35,9% en triples en la 2017/18, 37,3% en la 2018/19, 38,3% en la 2019/20. Oficialmente encendido. 

Aunque… La irregularidad de nuevo. Empezó la última campaña antes de irse a la NBA con el pie izquierdo y solo Diego Maradona podía arrancar de esa manera. 35,0% en sus diez partidos en la ACB, 27,5% en diez encuentros en la Euroliga y 33,3 en los dos choques de la Supercopa

Era momento de partir a Estados Unidos.

En los Nuggets fue de menor a mayor en su campaña de novato. Desde el dribling jamás pudo ser una amenaza y los rivales, como en sus primeros lapsos en Peñarol, le pasaron siempre por detrás. De hecho, lo siguen haciendo. Esto provoca que los espacios se achiquen y las oportunidades para él y sus compañeros no sean las mejores.

En la temporada regular 2020/21 anotó apenas 1,9 tantos por posesión y mantuvo un gris 48,2% en tiro de campo efectivo (eFG), una estadística avanzada que computa el acierto en dobles y triples dándole al segundo un punto extra. Así y todo, Campazzo cerró su etapa de rookie con un más que respetable 39,6% en sus diez encuentros en playoffs.

Desgraciadamente, la norma de la irregularidad apareció otra vez, como a lo largo de toda la carrera de Facundo. Empezó la 2021/22 en octubre mediocremente, con un 25,0% en triples al anotar solo 0,5 de sus 2,0 intentos por partido, y la media rápidamente se elevó en noviembre al convertir 1,4 de 3,4 (40,9%). 

A partir de ahí, volvió de nuevo la desviación. 31,6% en diciembre, 22,9% en enero, 33,3% en febrero y ninguna conversión en 1,0 intentos por partido. La falta de ritmo por entrar solo en algunos juegos, la desconfianza en su propio lanzamiento, una mecánica muy precoz en la velocidad de descarga y cuerpo mal encuadrado a raíz de ese apuro son algunos de los factores que explican su regresión.

En la NBA no hay mucho tiempo para ajustar, y Facundo Campazzo es consciente de eso. «Sé que si quiero sobrevivir en esta liga tengo que mejorar mi tiro de tres puntos y estoy tratando de hacerlo. Me quedo después de los entrenamientos practicando. Ya no construyo mi confianza exclusivamente desde el tiro, es parte de jugar diferente a lo que estaba acostumbrado», explicó en Solo Básquet hace unos meses. 

La trayectoria del base que consiguió la medalla de plata con el seleccionado argentino masculino en el Mundial de China 2019 explica por sí misma por qué siempre sufrió para adaptarse a los aros de las nuevas competencias, y eventualmente, después de las segundas temporadas, consiguió elevar sus prestaciones en la tercera dimensión.

Ocurrió en la Liga Nacional, España y ahora la NBA. Ojalá que ese patrón también termine siendo positivo como en todas las campañas anteriores, ya sea en Denver (ahora) o en alguna otra franquicia (a partir de la etapa siguiente cuando termine su contrato y se convierta en agente libre).

Campazzo solo necesita una oportunidad más. 

Lo fáctico demuestra que su barco puede salir ileso de cualquier tormenta. 

El mar se mueve, Facu enderezar su nave quiere.

Que la gente no se acelere, él puede.

Siempre él puede.



Nota: Ignacio Miranda | Twitter: @nachomiranda14

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