Foto: Mark J. Rebilas-USA TODAY Sports

Previo a la coronación de España como flamante campeón de la Euroliga, Bismack Biyombo abrió el debate con una declaración que genera disgusto entre los medios más conservadores de Europa: «Mis ojos solo ven un España – África».

El tratamiento de la noticia intercaló de frases al estilo de “Controvertidas y con falta de reparo”, como lo tildó la página española Cuatro a rencoroso por su falta de éxito -adjudicado así en la conclusión el medio francés Parlone Basket-. Mientras tanto, de este lado del charco, se optó por el seguimiento casi esquemático de los hechos (evitando profundizar lo más posible sobre el disparador propuesto por el jugador de Phoenix) por parte de la gran mayoría de los medios.

Sin embargo, si nos ponemos a analizar las palabras del congoleño, este fenómeno abarca mucho más que al equipo de la selección francesa de básquet.

Días atrás, Patrice Evra -destacado lateral del Manchester United- no ocultó su arrepentimiento por su elección a la hora de defender los colores franceses: “Hubiera preferido representar a Senegal”. La historia del deporte Galo está plagada de discriminacion sobre los afrodescendientes e hijos de inmigrantes, pero esto se deja de lado a la hora de representar al país.

Si nos quedamos en la superficie del problema, podemos enumerar a una serie de jugadores defendiendo los colores de una selección que (a priori) no es propia. Si profundizamos en el problema, veremos a una serie de jugadores discriminados por las personas del país al que defienden -incluso por sobre su propia tierra-. 

Ahora, si realmente queremos ir al foco de la cuestión, son jugadores cuyos antepasados fueron esclavizados o explotados por la colonia francesa (española o portuguesa, entre otros), ellos igual decidieron representar al país y, aun así, siguen siendo discriminados.

El problema tampoco termina ahí. Los jugadores son víctimas, pero los países privados de ellos también lo son. Tal vez parezca superficial, pero tanto en lo cultural como en lo económico, social, civil y moral, perdieron mucho las tierras originarias de cada jugador.

Son personas que (en su mayoría) tendrían que haber nacido/crecido en su lugar de origen y esto podría haber potenciado enormemente al deporte africano y a la cultura ligada al mismo.

De igual manera, para gran parte de los medios europeos y latinoamericanos, el problema está en las declaraciones de Biyombo y no en la opresión sistemática, repetida y ancestral sobre algunas comunidades ni en que el jugador de Phoenix no pudiera expresarse libremente y haya tenido que borrar su tweet.

Nota: Manu Pérez
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