Se bajó la cortina de la vigésima edición del Mundial Femenino. Estados Unidos y Francia se midieron en la gran final, en un duelo que tuvo dos mitades muy diferentes. Las norteamericanas pudieron sacar diferencias en el segundo tiempo (54-34) y se quedaron con el duelo por 97 a 79. Con este resultado, obtuvieron su decimosegundo oro en este torneo, el quinto de manera consecutiva. El equipo europeo, por el otro costado, vuelve a meterse en el podio después de 73 años. Su única medalla había sido un logro del torneo inaugural en Chile, donde obtuvieron el bronce.
Estados Unidos volvió a salir al rectángulo de juego con un quinteto titular experimentado, que tuvo ciertas complicaciones en la defensa, algo que ya le había ocurrido en los duelos previos. Francia pudo aprovechar los errores de su rival y tomar la delantera en el marcador, llegando a sacar una luz de 14 puntos en el segundo cuarto. Las defensoras del título mejoraron con el ingreso de la segunda unidad, que le bajó el goleo a su rival y le permitió volver a ponerse a tiro. El marcador indicaba que la diferencia entre ambos equipos era de solo dos unidades al cierre de la primera mitad (43-45).
A la vuelta de los vestuarios la historia fue otra. Estados Unidos sacó a relucir su mejor versión. Con efectividad desde el perímetro, sumado a la experiencia de sus máximas referentes: Breanna Stweart y Chelsea Gray. Bajo su liderazgo, el equipo de Kara Lawson fue sacando diferencias, aprovechando las pérdidas de Francia (16) que le permitieron anotar 23 puntos y la posibilidad de correr la cancha. El poderío en la pintura fue otra de las claves para las norteamericanas, que terminaron el duelo sin sufrir más de la cuenta, bajando la persiana mucho antes que el reloj llegue a cero.
Breanna Stewart terminó como la máxima anotadora del equipo con 22 puntos. La jugadora de las Liberty también se quedó con el premio a la MVP del torneo.







