(Foto: NBA)

Cuando se habla de NBA, uno de los primeros nombres que se vienen a la cabeza es el de Earvin «Magic» Johnson, uno de los mejores bases de todos los tiempos, sino el mejor de acuerdo a quien lo analice. Sin embargo, en una de las noches más gloriosas de su carrera con los Lakers no ofició de armador, sino que se encargó de ser el pívot titular debido a la ausencia del histórico Kareem Abdul-Jabbar y no defraudó.

Para poder entender el motivo de la ausencia del ex Bucks y el posterior cambio de posición de Magic es necesario conocer qué pasó antes. Corrían las finales de la NBA de la temporada 1979/80, en la que lógicamente se enfrentaban el mejor del Este, los Philadelphia 76ers, ante el mejor del Oeste, Los Angeles Lakers.

En la temporada regular se habían enfrentado en dos oportunidades solamente y se repartieron las victorias, una paridad que reflejaría cómo se iban a desarrollar los juegos por el título. En postemporada, el elenco angelino dejó atrás a los Suns y a los Sonics para poder llegar a la serie final, mientras que los Sixers hicieron lo propio ante Hawks y Celtics.

Tras cuatro juegos en los que se robaron la localía mutuamente, llegaron al quinto en el Forum de Los Angeles igualados a dos por lado. En el tercer cuarto, tras lanzar su famoso Sky-Hook, en la caída Kareem apoyó mal su pie izquierdo sobre Lionel Hollins y se torció el tobillo de manera tal que tuvo que salir del juego. Pese a que el MVP de la temporada regular regresó para terminar el encuentro, la lesión lo privó de poder estar en el sexto y, aunque no iba a ser necesario disputarlo, iba a estar en duda para el hipotético séptimo en LA.

Si bien los Lakers ganaron ese partido por 108 a 103, en el que el máximo anotador fue el propio Kareem con 40 puntos, la situación se había complicado en cierta manera ya que le iba a faltar una pieza fundamental al equipo en el momento cúlmine de la serie. Sin embargo, el entrenador de los Lakers, Paul Westhead, tenía guardada una carta bajo la manga que iba a descolocar a los rivales: Magic Johnson como pívot titular.

Sí, el rookie que estaba teniendo una gran temporada iba a ir de arranque en el puesto vacante del legendario Kareem Abdul-Jabbar. Y no defraudó. Durante todo el juego fue el gran dominador y demostró que la talla no era lo más importante en su juego, sino la habilidad que él tenía y que le permitiría a los hinchas de los Lakers, al menos por una noche, olvidarse de la existencia de Kareem.

Finalmente, los Lakers ganaron 123 a 107 para conseguir su séptimo título. Magic anotó la impresionante cifra de 42 puntos, bajó 15 rebotes favorecido por su nuevo puesto en la cancha, repartió siete asistencias, robó tres pelotas y bloqueó un tiro. Al final del encuentro, Julius Erving, que había sido el líder en anotación de Philadelphia con 27 unidades, reconoció que lo hecho por Magic durante el partido «fue asombroso, simplemente asombroso».

Con esta actuación, y obviamente todo lo que había generado en los cinco juegos anteriores, Magic Johnson se quedó con el premio al MVP de las finales en su primer año como jugador profesional. Este fue el primero de tres, ya que los otros dos los conquistó en 1982, luego de repetir el título ante los Sixers, y en 1987, cuando vencieron a los Celtics de su amigo Larry Bird. Otro curioso dato que agiganta la leyenda es que fue el único rookie en conseguirlo y, además, es el más joven en recibir este galardón.

Reviví algunos de los mejores momentos de Magic en el histórico sexto juego de las finales de 1980:

Nota: Emiliano Iriondo / Twitter: @emi_iriondo