Corría el año 1997 y los Bulls iban por el quinto campeonato de su historia. Ya habían logrado el primer Three-peat entre 1991 y 1993 y, tras el regreso de Jordan, iban por esa hazaña otra vez. Del otro lado estaban los mejores Utah Jazz de toda la historia, comandados por una dupla que posiblemente nunca volveremos a ver, como la de Stockton y Malone.

La serie final había iniciado con bastante lógica, ya que los Bulls se quedaron con los dos primeros juegos en Chicago y los Jazz hicieron lo propio en Utah con los partidos 3 y 4. Sin embargo, el equipo de Jordan (que jugó intoxicado por haber comido una pizza en mal estado unas horas antes, conocido como «The flu game»), Pippen y compañía dio el golpe en el quinto encuentro al vencer por 90 a 88 como visitantes y llevar la serie match point al United Center.

La ciudad sabía lo que se estaba por alcanzar y por eso el público colmó el estadio donde los Bulls hacían de locales. El partido, disputado el 6 de junio de 1997, se llevó a cabo como los cinco anteriores respecto al juego: cerrado, con defensas fuertes y paridad en el marcador durante la mayor parte del juego. En este último eso no fue la excepción y llegaron al último minuto igualados en 86.

Ambos equipos venían de varios ataques sin poder quebrar la paridad en el marcador y la tensión en ambos bancos venía haciendo que los entrenadores se empiecen a fastidiar. En un minuto de juego, los Bulls habían errado cuatro tiros de campo consecutivos (dos de Pippen, uno de Jordan y uno de Rodman) y eso no le gustó para nada a Phil Jackson que, apenas pudo, pidió un tiempo muerto.

Del otro lado la situación era bastante similar: John Stockton y Shandon Anderson habían desperdiciado una oportunidad cada uno de poner en jaque al campeón vigente. Luego del último disparo de Anderson y la posterior captura del rebote por parte de Rodman, fue cuando el entrenador de Chicago detuvo el partido para darles descanso y algunas indicaciones a sus jugadores, aunque ellos ya sabían qué tenían que hacer.

En ese rato en el que estuvieron sentados, Michael Jordan y Steve Kerr cruzaron algunas palabras. Al regreso al rectángulo de juego, el base que hoy dirige a los Warriors tomó la pelota, cruzó la línea de mitad de cancha y le cedió la bola a Pippen. La defensa sobre Scottie fue lo suficientemente buena como para evitar que pudiera hacer algo, por lo que tuvo que pasársela a quien por ese entonces se encargaba de cerrar los partidos decisivos.

Jordan se hizo cargo de la situación y sacó de la galera una de esas jugadas propias de un jugador de su calidad. Atacó por su izquierda, hizo un paso para el medio y se elevó con la intención de anotar dos puntos en el marcador que le dieran cierta comodidad a los suyos.

Pero en lugar de tirar sobre los dos defensores que intentaban lo imposible por frenar ese lanzamiento, el 23 prefirió pasársela a Kerr, que se encontraba solo en la línea de libres. Tiró y, faltando cinco segundos, puso a los Bulls dos puntos arriba en el electrónico para desatar la locura en todo el estado de Illinois.

Todo lo que sucedió después es historia. Al regreso del tiempo muerto de los Jazz, Pippen interceptó el pase de salida desde el costado, fue al piso para dársela a Toni Kukoc y el croata se encargó de sentenciar el partido por el título con una volcada sobre la chicharra. Fue victoria por 90 a 86 y el quinto anilllo para la franquicia del toro.

Al día siguiente, en el evento de celebración habitual que hacen los equipos recorriendo la ciudad, les tocó decir algunas palabras a los responsables de semejante final. Cuando fue el turno de Kerr, se lo tomó con bastante humor y no dejó pasar la oportunidad para dejar en claro que él había definido el juego. “Quería aclarar algunos conceptos del último tiempo muerto faltando 25 segundos. Phil (Jackson) le dijo a Michael (Jordan) ‘Quiero que tomes el último tiro’, y él le respondió que ‘no me siento cómodo en esta situación, quizás deberíamos ir en otra dirección, ¿por qué no se la damos a Steve?’”, contó en un tono claramente irónico Kerr.

Pero eso no quedó ahí, simplemente se detuvo unos segundos para que la gente aplauda para luego continuar con el remate. “Entonces pensé para mí mismo ‘Bueno, creo que voy a tener que salvarle el trasero a Michael otra vez. El tiro fue adentro, esa es mi versión de la historia y me voy a quedar con esa”, cerró el héroe de los Bulls.

En Chicago sabían que el objetivo principal siempre era ganar, ir por más, nunca conformarse con lo que tenían. Y para lograrlo había que hacer cosas nuevas a las que no estaban acostumbrados. Esta es una de ellas, Jordan con la posibilidad de definir un juego prefirió dársela a Kerr porque tenía un tiro más fácil que el que él podría llegar a tener.

Pocos equipos en la historia de la NBA, y del básquet en general, lograron lo que los Bulls en los ’90 pudieron hacer. Una hermandad que se mantuvo a lo largo de muchísimos años, estrellas conviviendo codo a codo por un mismo objetivo sin importar tanto cuánta plata iba para cada uno y momentos inolvidables que dejaron una marca imborrable en la historia.

Nota: Emiliano Iriondo / Twitter: @emi_iriondo