(Foto: Focus on Sport/Getty Images)

Hoy en día, los jugadores de la NBA no representan nada más que atletas y monedas de cambio cuyo valor va variando de acuerdo a su rendimiento. Se dieron grandes movimientos que movieron los cimientos de la liga, como la llegada de Kevin Durant a los Warriors en 2016, o bien otros que no cambiaron tanto la ecuación, como los que suelen darse durante la temporada antes de la fecha límite de traspasos.

A peor nivel del jugador, más probable que sea intercambiado con otro para no perder calidad en la plantilla y poder mantenerse en la lucha por los primeros puestos. Algunos pasan de un equipo a otro en medio de la etapa regular y permanecen ahí hasta el cierre. Otros, lo hacen por segunda vez, quizás complicados por las lesiones o porque no mostraron el nivel con el que se esperaba que lleguen, como le sucedió a Isaiah Thomas, que entre 2017 y 2018 pasó por tres equipos, aunque con un mercado de verano en el medio entre Boston y Cleveland.

Pero, ¿alguna vez se dio que un basquetbolista haya vestido cuatro camisetas en la misma temporada? La respuesta es sí, y el dueño de semejante récord es Rod Higgins, un ala pivote que también podía actuar de alero y que llegó a la NBA en el draft de 1982, cuando fue elegido por los Chicago Bulls en el puesto 8 de la segunda ronda, el 31° en la general. Ese año particularmente el material disponible no era de la mejor calidad y solo destacaron nombres como los de Dominique Wilkins, Terry Cummings o el mismísimo James Worthy, el más laureado de esta camada con tres títulos en los Lakers del Showtime.

Su primer año en la liga más importante del mundo no pasó desapercibido y logró buenos números: 10.3 puntos y 4.5 rebotes de promedio habiendo disputados todos los partidos, siendo titular en 42. Sin embargo, la llegada de Kevin Loughery al banco de los Bulls generó que tuviera menos espacio en la rotación, por lo que bajó sus números a casi la mitad: 6.4 tantos y 2.6 rebotes con solo seis titularidades.

El año siguiente fue todavía peor, ya que se dio la llegada del hombre que se convertiría en leyenda en los Bulls, Michael Jordan. Con el 23 en el equipo oficiando de hombre orquesta ya en su primera temporada, a Higgins lo relegaron a unos muy bajos 13 minutos de juego, por lo que no podía demostrar lo mejor de su juego y sus estadísticas volvieron a decaer: 4.5 y 2.2. Para peor, a final de temporada fue cortado por los Bulls, por lo que tenía que salir al mercado habiendo finalizado el peor año de su carrera como profesional.

La temporada 85/86 fue la que lo hizo ir de un lugar a otro por todo el territorio estadounidense. Su primer equipo fueron los Seattle SuperSonics, dirigidos por Bernie Bickerstaff. Su llegada al equipo fue realmente mala y, en sus primeros cuatro encuentros no pudo anotar un solo punto. Tras haber disputado el 12mo juego de la temporada, en el cual anotó solo tres unidades, fue despedido del equipo.

Tras un mes en los Tampa Bay Thrillers, de la extinta CBA, el 15 de enero de 1986 consiguió firmar un contrato de 10 días con los San Antonio Spurs. Su inicio en la franquicia texana fue algo mejor que el anterior, ya que anotó ocho puntos en su debut y llegó a once al tercer encuentro. Sin embargo, su rendimiento fue decayendo con el correr de los partidos y, pese a haber firmado un segundo acuerdo por diez días, el mismo se rompió al séptimo cuando fue cortado por los Spurs.

Por segunda vez salió al mercado a buscar equipo y lo consiguió tres semanas más tarde: los New Jersey Nets. Estuvo ante la gran chance de establecerse finalmente en un equipo, pero fue todo lo contrario. Disputó solamente dos juegos para el equipo del estado homónimo y, tras haber completado seis puntos y ocho rebotes entre ambos encuentros, fue cortado una vez más.

Finalmente, cuando todo parecía perdido para él, los Bulls lo volvieron a contratar. Sí, el equipo que le había soltado la mano lo volvió a llamar para que pudiera terminar la temporada y establecer un nuevo récord en la competencia cuando, el 14 de marzo de 1986, firmó contrato con la franquicia de Chicago para disputar lo que restaba de temporada regular.

Luego de eso su carrera se convirtió en todo lo contrario a lo que había atravesado en esa temporada. Tras un nuevo corte de los Bulls, encontró su lugar en el mundo cuando fue llamado por los Golden State Warriors. En dicho equipo estuvo durante seis temporadas de manera ininterrumpidas. En el ocaso de su carrera volvió a hacer un breve tour: fue a Sacramento para la 92/93, probó suerte en el Olympiacos griego pero volvió a su país, más precisamente a Cleveland, para disputar la siguiente y se retiró en la 94/95 nuevamente vistiendo la camiseta de los Warriors.

Sin embargo, en esa oportunidad el nivel no era el mejor y decidieron cortarlo como jugador para contratarlo como parte del cuerpo técnico para ser entrenador asistente de Don Nelson, quien a mitad de fase regular le dejó el cargo a Bob Lanier. Estuvo en ese lugar hasta la 99/00, cuando fue ascendido al puesto de asistente del General Manager, Wes Unseld. Tras algunos años en el puesto, en 2004 subió al cargo de GM y ahí se quedó hasta 2007, cuando fue contratado por los Charlotte Bobcats, donde permaneció hasta su renuncia en 2014.

Cuando un jugador empieza a dar vueltas por algunos equipos de la NBA, tiene que recordar la historia de Rod Higgins, el hombre de los cuatro equipos en una temporada. Pueden haber malos momentos en la carrera de un jugador, pero nunca debe bajar los brazos, porque eso le puede cerrar algunas puertas. Higgins lo entendió de esa manera y siguió luchando por seguir jugando en la mejor liga del mundo, en la que, por si fuera poco, siguió trabajando una vez retirado de la actividad profesional, y eso no muchos lo logran.

Nota: Emiliano Iriondo / Twitter: @emi_iriondo