(Foto: NBA / Getty Images)

Si de figuras históricas se trata, está claro que Boston tiene uno de los repertorios más grandes de la liga por amplia diferencia. Desde su creación se convirtió en la franquicia más ganadora del país y eso fue posible gracias a una larga lista de hombres que se convirtieron en leyendas vistiendo la camiseta verde.

Sin embargo, tras la gloriosa década de los ’80, el equipo entró en un largo proceso de reconstrucción, sin referentes y la imposibilidad de pelear por lo que años antes era habitual. Pero para el final de siglo XX, de un joven criado a los pies del estadio de su archirrival histórico, los Lakers, emergió la figura de quien años más tarde se convertiría en su último ídolo hasta el momento.

Se trata de Paul Anthony Pierce, un muchacho que pasó su infancia en los suburbios de Inglewood, California. Este nombre es más que conocido y es porque es donde se ubica el Forum, hogar de los Lakers desde 1967 hasta 1999. Hoy en día puede sonar irreal, pero desde chico era fan del elenco que por ese entonces frecuentaba las definiciones por el título frente a Boston, lo que el propio Pierce reconoció como “el nacimiento del básquet” para él.

La vida del alero es muy extensa y llena de momentos que lo marcaron a fuego por el resto de sus días, como la noche en la que casi muere apuñalado en septiembre del 2000, pero en esta oportunidad es el turno de repasar su paso por el equipo en el que hizo historia grande. Para lo otro habrá que esperar, una carrera como la suya es merecedora de un texto más detallado.

Su llegada a la franquicia del estado de Massachusetts se dio en el draft de 1998 desde la décima posición de la primera ronda. El joven había disputado tres temporadas con la universidad de Kansas y llegaba a un equipo en plena reconstrucción, una que llevaba cerca de una década y que no parecía encontrar la luz al final del camino.

Cuando llegó, una de las primeras preguntas que hizo fue “¿Está retirado el número 34?”, a lo que la respuesta fue negativa y que la podía utilizar. “En mi segundo año de instituto ese era el número más alto y era la única camiseta que realmente me quedaba ajustada a mi talla”, contó una vez que la vistió por primera vez.

Desde su irrupción en el equipo que dirigía Rick Pitino no paró de crecer. En su primera temporada promedió 16,5 puntos y 6,4 rebotes con promedios de tiro de campo y de triples por encima del 40%, lo que le valió ser elegido para el mejor quinteto de rookies del curso 1998/99. Y ya en apenas su tercer año era el encargado de liderar al equipo en todos los aspectos del juego, con más de 25 tantos por noche y manteniendo su cifra rebotera y de porcentaje de lanzamientos.

Pero aún al equipo le faltaba para convertirse en un contendiente, al menos, al título de conferencia, algo que cambió para la 2007/08 tras haber atravesado uno de los peores años en la historia de los Celtics. Durante ese mercado el equipo logró hacerse de dos figuras de la competición: Kevin Garnett y Ray Allen. El primero llegaba proveniente de los Wolves como uno de los internos de la élite de la liga, mientras que el segundo, quien iba camino a ser uno de los mejores tiradores de todos los tiempos, lo hacía desde los Sonics de Seattle.

De la noche a la mañana, y de la mano de Doc Rivers desde la banca, cambiaron por completo la imagen que habían dejado unos meses antes y rápidamente se convirtieron en el mejor elenco de la liga, alcanzando las 67 victorias y solo 15 derrotas en temporada regular. Inevitablemente, Pierce seguía mandando en el equipo, aunque tras la llegada de sus dos nuevos compañeros su responsabilidad se redujo y eso se tradujo en una merma en sus estadísticas generales, aunque no en su liderazgo en el grupo.

Ya en playoffs vencieron en primera ronda a los Hawks y a los Cavaliers del joven LeBron James en semifinales, ambos por el mismo resultado, 4-3. En la final del Este derrotaron a los Pistons por 4 a 2 y, tras 21 años sin pisar las Finales, era el turno de volver a hacerlo precisamente ante el equipo de la ciudad de Pierce, los Lakers.

“The truth”, como lo había apodado unos años antes Shaq, estaba ante el momento más importante de su carrera y no decepcionó. Boston dominó a Los Angeles, fundamentalmente en el sexto juego que fue el que les dio el título, y Pierce se quedó con el MVP de la serie gracias a sus 21,8 puntos, 6,3 asistencias y 4,5 rebotes.

Dos datos que magnifican la importancia y también la dificultad de este título alcanzado por Pierce y sus Celtics: el primero es que vencieron camino al título tanto a LeBron James como a Kobe Bryant, solo para elegidos. Y en segundo lugar, disputando el primer encuentro de las finales sufrió un choque con su compañero Kendrick Perkins que lo dejó en el suelo durante varios minutos, causando preocupación entre todos los presentes en el TD Garden. Esto podría llevar a un jugador a perderse el resto de la serie, sobre todo recordando que un año antes él había estado ausente en 35 juegos por una lesión en esa misma zona. Sin embargo, se levantó y no volvió a caer hasta que le dio el anillo a los suyos.

Posteriormente, el equipo se mantuvo entre las primeras colocaciones de la competencia, pero no pudo volver a levantar el trofeo de campeón. Lo más cerca que estuvieron Pierce y los suyos de repetir la hazaña fue en 2010, cuando disputaron sus últimas finales hasta el momento, aunque en esa oportunidad fue el turno de la venganza para los Lakers por lo sucedido dos años antes.

Con el correr de las temporadas, y ya en los últimos años del prime de la carrera de sus máximas figuras, el equipo lentamente se fue desarmando para entrar en una nueva reconstrucción. Allen emigró a Miami en 2012, mientras que Garnett y el MVP de las finales de 2008 permanecieron en el equipo un año más antes de partir juntos rumbo a Brooklyn.

Tras varios años en los que parecía que el equipo estaba a la deriva, Paul Pierce demostró su fidelidad permaneciendo en un equipo que parecía anclado a su título número 16. Ciertamente no lo podría haber hecho sin Garnett, Allen y Rondo, quien también entra en el cuadro, pero difícilmente ellos lo hubieran hecho sin “The truth” en el plantel. Una vida plagada de sucesos que lo marcaron y que forjaron al hombre que hoy, a tres años de la noche en la que su nombre y dorsal fueron inmortalizados en el techo del TD Garden, disfruta de ser un ídolo en el equipo que le dio la oportunidad de ser quien es.

Como si fuera poco, a esta carrera todavía le faltaba un capítulo más por escribir, aunque conociendo la historia previa se tornó en uno predecible. El 11 de septiembre de 2021 dio el paso hacia la inmortalidad en este deporte con su inducción al salón de la fama, ese mismo en el que Garnett ingresó unos meses antes.

Precisamente con KG, Kobe y Duncan comparte una divertida anécdota acerca de por qué decidió retirarse un año más tarde de lo que había pensado. Esto es porque sabía que, si lo hacía al mismo tiempo que esas otras tres leyendas, iba a ser una dura pelea por ver quién entraba como first ballot (primera elección) al Hall Of Fame. Analizada esa cuestión, Paul prefirió jugar una temporada más con los Clippers y, de esa manera, asegurarse que en el 2021 iba a ser elegido sin problemas.

Nota: Emiliano Iriondo | Twitter: @emi_iriondo

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