Las emociones siguen a flor de piel después de haber compartido la emotiva ceremonia de retiro de la camiseta número 20 de San Antonio Spurs.  Vivimos uno de los momentos que quedará marcado para siempre en la historia del deporte argentino, con un Emanuel Ginóbili eterno en la NBA. 

Una noche de puras lágrimas y risas culminó en el AT&T Center de San Antonio, pero no fue una velada más. La camiseta 20 de los Spurs quedó colgada en el techo del estadio, a la derecha de la 21 de un tal Tim Duncan, y no se usará nunca más en el futuro del conjunto texano. 

La camiseta que utilizó un argentino durante 16 años quedó inmortalizada en el reducto de una de las franquicias más importantes de la NBA. Con esa camiseta, Ginobili logró cuatro títulos en la liga de básquet más importante y competitiva del mundo.

Luego del triunfo ante los Cavaliers (116-110), se abrió paso al plato fuerte de la noche. Primero ingresaron al rectángulo los invitados, Sean Elliot, que condujo la ceremonia, Tony Parker, Fabricio Oberto, Gregg Popovich, Tim Duncan, para luego sí dar lugar a la bienvenida de Manu junto a Marianela (su esposa), y a sus hijos, Nicola, Dante y Luca.

¡Así fue el ingreso de Manu!

Elliot, quien tiene su camiseta #32 retirada en los Spurs, dio inicio al evento, y en su discurso, el ex jugador sostuvo: “Eres un gran caballero y un gran deportista”. Luego le llegó el turno a Tony Parker, quien con una mezcla de humor y emoción, hizo explotar el AT&T Center. “La primera vez que te vi tenía 18 años, y cuando pienso en cómo trabajaste solamente se me ocurre pensar en una palabra: único. Mi año favorito fue 2005, cuando te quedaste pelado”, comenzó el base, para luego agregar que él no sería la clase de jugador que es en la actualidad si no hubiera sido por Manu.

Y culminó: “Eras tan poco egoísta. Vos venías de la banca y nunca te quejabas. Tu humildad fue nuestra inspiración, porque siempre ponías el equipo por delante. Gracias Manu, fue un honor jugar al lado tuyo”.

Enseguida tomó el micrófono Fabricio Oberto, uno de los mejores amigos que Manu tuvo en su vida. El cordobés también le puso su cuota de lágrimas al asunto, ya sea por risas o emotividad, y señaló: “Una mañana me despertó a las 10 para llamarme y me contó que se retiraba, y lloramos. Ganamos todo juntos, pero lo más importante que viví con él fue mi operación del corazón. El estuvo siempre conmigo a mi lado. Así se describe lo grande que es como amigo y como persona».

Con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, el ex pivote de la Selección, y también campeón con San Antonio, dejó de lado a las miles de personas que estaban a su alrededor y se enfocó en Manu: “Tenés toda la vida para disfrutar del retiro y nosotros tenemos toda la vida para tratar de devolverte todo lo que nos diste. Me hiciste un mejor jugador. Gracias”.

A continuación, fue el turno del entrenador más influyente de Ginobili, Gregg Popovich. Que Pop se deshace en halagos siempre que puede para con el bahiense, es de público conocimiento, con lo que no tuvo problemas para hacerlo en una noche tan especial. “Cuando Manu llegó a nuestras vidas todavía recuerdo su primer año, y le conté a Tim que venía alguien que tenía muchas condiciones, que nos iba a ser las cosas fáciles. Pero llegó con el tobillo lesionado. Cuando estuvo a punto, toda la NBA se empezó a preguntar quién era Ginóbili”, recordó Gregg, y en seguida resaltó que el equipo argentino que ganó el oro olímpico de Atenas 2004 fue uno de los mejores equipos que vio en su vida.

Pero también estuvo el momento del humor, al que también nos tiene acostumbrados el Coach: “Yo tenía el pelo muy oscuro y todas mis canas son por culpa de Manu. Pero por él me convertí en un mejor entrenador, porque aprendí a callarme y disfrutar de verlo jugar. ‘Esto es lo que hago’, me decía cada vez que le preguntaba por qué había hecho tal o cual cosa».

Aunque, sin embargo, la emoción volvió tras unos instantes, cuando Pop comenzó a despedirse: “Nada hubiese sucedido sin Manu. Sin él, no hubiéramos alcanzado los 3 campeonatos. Su deseo de ganar, la forma de exigirse. Le gustaba la competencia, pero lo que más le importa y motiva es su familia”. Y como no podía ser de otra manera, culminó con un “I love you”.

Pop le dijo lo que todos le queremos decir

El último en hablar previo a Manu fue Tim Duncan, el ingrediente que faltaba del Big Three que conformaron junto a Parker. El ex jugador también se encargó de demostrar su admiración por el argentino: «Año tras año me impresionaste. Fue muy divertido ver a Pop quejarse de lo que estabas haciendo, pero fueron todos logros. Hiciste cosas que nadie más hizo. Sos increíble, es un honor estar acá«.

Antes de dirigirse a los presentes, se proyectó un video en el que Manu repasó su carrera en la NBA

Después, llegó su momento. Ginobili tomó el micrófono, y comenzó a hablar, con su característica humildad y sinceridad: “Intenté preparar un guión y me puse a pensar ‘qué hacía acá’. Esto no se suponía que me pasara a mí. No tenía ninguna expectativa de estar ni siquiera cerca de estar acá. Cuando empecé a ser un poco mejor, pensé en tener una carrera exitosa en Europa, tal vez algún día ganar algo con la selección nacional. Un día me levanté y estoy acá, con todas estas leyendas, con los chicos que hablaron antes, gente que amo, respeto y admiro, es increíble. Me vuela la cabeza. Estoy tan agradecido, que me gustaría darles la mano a todos y cada uno de los que están acá«.

Manu habló desde el corazón cuando mencionó al equipo celeste y blanco: “Formé parte de dos grandes equipos en mi carrera: uno fue la Selección Argentina. Qué lindo haber jugado con ese grupo. Saber que nos cuidábamos las espaldas, que nos uníamos. Fue un placer ganar con ustedes y también fue un placer perder con ustedes. Con los que están acá y los que lo ven desde casa”.

Para continuar, destacó a quienes estuvieron, de manera literal, desde que nació: «He tenido suerte toda mi vida. Fui criado en una familia con dos padres que me apoyaron mucho y me permitieron seguir mis sueños, seguir mi pasión, el básquet. Fui criado en una ciudad que vive el básquet de una forma muy especial y eso alimentó mi hambre de jugar al básquet. Eso no lo elegí, ni nacer en esa familia ni en ese lugar. A los 20 estaba jugando en una ciudad en Argentina y conocí a esta hermosa, carismática mujer».

Allí empezó a hablar de su camino en la NBA, describió sus sensaciones cuando recibió la llamada por parte de los Spurs (“no lo podía creer”) y aclaró que, además de todos sus méritos, su talento, y su increíble mentalidad, tuvo “mucha suerte”. Y comenzaron los agradecimientos… A los fans de San Antonio: “como dije en el video vine a San Antonio sin saber nada de la ciudad, llegué con una valija llena de dudas sobre lo que significaría jugar para Pop, con Duncan. Durante mucho tiempo ustedes me sostuvieron. Estaré siempre agradecido por eso».

Rápidamente llegó el turno de los argentinos. Tanto su familia, como sus amigos, como los hinchas que lo seguían a miles de kilómetros de distancia. Por supuesto, en español:

Prosiguió mencionando a las caras no visibles de la organización, también claves en su estadía en Texas, a los entrenadores, y a todos los compañeros que tuvo durante su carrera, de los cuales rescata especialmente a un grupo: sus hermanos de camiseta, sus pares en la Selección Argentina.

Los otros nombrados fueron, por supuesto, los jugadores de los Spurs: “No lo mencioné antes, pero tener a jugadores como Tim y Tony, cientos de partidos juntos, qué importante decirnos todo con unos gestos. Siempre estaré orgulloso, fue algo muy especial. También quiero destacar a Patty (Mills), Bobo (Boris Diaw) y Tiago (Splitter). Cuando empezaba a ser difícil, con los chicos en casa, me ayudaron a pasarla mejor«.

Párrafo y discurso aparte, por supuesto, para su mentor, Gregg Popovich: “Pop, sos un loco sensible, generoso e inteligente. Estás loco, pero significás tanto para mí que no te das una idea. Realmente aprecio todo lo que hiciste por mí. Lo que aprendí de vos es muy importante y siempre estaré agradecido».

¿Los siguientes? Sus padres, otra vez, pero con más profundidad, y esta vez en español y en uno de los momentos de la noche en el que más emocionado se lo vio: «Papá y mamá, donde estén”, mientras los buscaba en la tribuna, “gracias por darme todo lo que necesitábamos, por más que, mamá, tanto no te gustó al principio porque querías un hijo abogado o doctor, pero siempre con la voluntad de elegir. Papá, siendo un fanático total del básquet, jamás interferiste en nada con mis compañeros, entrenadores o clubes. Siempre te sentí al lado, pegadito, apoyándome”.

Llegó el turno de quienes estaban ahí, entre bostezos, aplausos, y los reflectores del estadio: sus hijos Dante, Nicola, y Luca. Quién sabe si se acordarán de este momento, o sí al menos le prestaron atención. Eso sí, registros hay de sobra para que los repasen una y otra vez durante sus vidas, y seguramente lo hagan.

Le tocó a Marianela Oroño, su mujer, que lo escuchaba atentamente mientras intentaba contener las lágrimas que le brotaban (y terminaba teniendo que secarlas). Manu le mostró, ante la mirada de todo el mundo, su eterno agradecimiento: «Y a vos, debería durar dos horas el evento para agradecerte. Gracias por aguantar mis obsesiones durante más de veinte años, el horario de la siesta, no salir por jugar. Gracias por bancarte todo eso y ayudarme a que todo esto sea más fácil y sólo tenga que pensar en jugar. Gracias por bancarte veranos y veranos que tendría que haber sido nuestro momento familiar, disfrutando en una calle, permitiendo que me vaya a jugar muchos veranos con los chicos a Londres, a Japón, China, Mar del Plata. Y vos sintiéndote orgullosa de que hiciera lo que a mí me gustaba. Muchísimas gracias. Gracias por tu compañía, tu amistad, y por hacerme quien soy. Gracias por relegar tanto de vos para ponerme como prioridad a mí. Voy a estar en deuda para siempre, pero calculo que tengo cuarenta o cincuenta años para revertir todo«.

Volviendo al inglés, concluyó: «Hace unos meses escribí en un tweet que había sido una aventura especial. Quiero agradecerles realmente por estar conmigo. Los amo«.

Y de esta manera finalizó la gran noche (y, definitivamente, la carrera) del basquetbolista (o el deportista) más importante de toda la historia argentina: Emanuel David Ginobili, un hombre que nos hizo emocionar desde aquella palomita contra Serbia hasta la tapa a James Harden en uno de sus últimos partidos de playoffs. Demostró su vigencia y su espíritu competitivo hasta el último segundo. Por todo esto y mucho más: Gracias, Manu.

Así terminó la noche: eterna, la 20 en el techo del AT&T Centre

¡Repasá todo lo que sucedió antes de la ceremonia, en la histórica noche de Manu!

La noche de Manu – La mesa dorada

Nota: ucuweb