(Foto: Scott Cunningham / NBAE / Getty Images)

Cuando se habla de la NBA, en la mayoría de los casos el primer nombre que viene a la mente es el de Michael Jordan. El jugador que brillara en los Bulls entre la década del ’80 y ’90 ganó seis títulos, igual cantidad de MVPs en finales, 5 MVPs de temporada, mejor defensor de la liga y así podemos seguir un largo rato enumerando todos sus logros, tanto individuales como colectivos.

Sin embargo, uno de los momentos que terminan quedando en segundo plano es el que dio paso a la leyenda: su debut. No es frecuente hablar de este momento de la carrera de un jugador tan laureado como él, pero desde el principio demostraría que no era un rookie más del montón.

Hace 36 años, los Bulls abrieron la temporada en casa ante los Washington Bullets (los Wizards desde 1997) con un triunfo por 109 a 93. El joven debutante tuvo una noche realmente buena, alcanzando 16 puntos, 7 asistencias, 6 rebotes, 4 tapones y 2 robos, todo en 40 minutos. De hecho, fue el jugador que más tiempo pasó en el campo de juego, superando por pocos segundos a Orlando Woolridge, máximo anotador del encuentro con 28 tantos.

Posteriormente, la temporada rookie de Jordan fue con cifras similares a las que había logrado en su primer juego y llegó a promediar 28,2 puntos, 6,5 rebotes, 5,9 asistencias y 2,4 robos siendo titular en los 82 partidos de temporada regular y jugando más de 38 minutos por encuentro. Pese a que alcanzó números impresionantes, el equipo terminó con récord de 38 triunfos y 44 victorias, séptimos en el Este. Esto los emparejó con Milwaukee, que sin piedad los eliminó en la primera ronda por 3 a 1.

Con esas cifras individuales, lógicamente, se quedó con el premio al Rookie de la temporada, en la cual también participó del All-Star Game, el primero de los 14 en los que pudo ser parte. Además, al final de esa temporada también lo eligieron para formar parte del quinteto ideal de rookies de la 84/85.

Nota: Emiliano Iriondo | Twitter: @emi_iriondo