"Oveja" Hernández, con el trofeo en mano, celebra el primero de sus seis títulos de Liga.

El 25 de mayo es un día histórico para la República Argentina desde 1810, fecha en la que se creó el primer gobierno patrio, conocido como la Primera Junta. Pero en Olavarría, sumado a esa efeméride, tiene un valor aún más alto. En lo que respecta a lo deportivo, también un 25 de mayo pero de 2000, Estudiantes derrotó en el séptimo juego de la final a Atenas de Córdoba y se quedó por primera vez con la Liga Nacional de Básquet.

Esta ciudad, ubicada en el centro de la provincia de Buenos Aires, había sido el epicentro del deporte nacional en varias oportunidades, pero nunca hasta ese entonces por culpa del básquet. Los hermanos Emiliozzi en el automovilismo en la década del ’60 y el club Loma Negra en la primera división de fútbol en los ’80 fueron los protagonistas de diferentes gestas, pero a la naranja todavía le faltaba un poco más y el destino lo tenía guardado para el cierre del siglo XX y la llegada del XXI.

A principios de los ’90, el club olavarriense nadaba en las aguas del viejo TNA entre peces gordos de la historia de la Liga como San Andrés, Libertad, Echagüe, Ben Hur y Obras, entre otros. Precisamente ante el «Tachero» fue que el conjunto bonaerense disputó la final de la temporada 1995/96, que terminó con victoria por 3 a 1 para el elenco de Núñez. Sin embargo, el club de Olavarría compró la plaza de Luz y Fuerza de Posadas en la Liga Nacional y a partir de la 1996/97 se dio el gusto de competir con los mejores.

Si bien el arranque no fue el mejor de todos y coqueteó con el regreso a la segunda división en la primera temporada, para la siguiente se hicieron contrataciones de jugadores vitales en la lucha por el tan ansiado primer título. En ese mercado de pases se dieron las llegadas de Gustavo Ismael Fernández, el base más importante de la historia de la institución que hoy oficia de director técnico del equipo, Claudio Farabello, pieza clave en el Boca campeón de 1997 junto con el «Lobito», y Nicolás Gianella, un joven que descollaba en el TNA jugando para Gimnasia y Esgrima La Plata.

Pese a esos nombres, el conjunto bonaerense seguía sin encontrar el rumbo y volvió a quedar en el puesto 14 de la Liga. Por eso, la dirigencia entendió que el salto de calidad había que darlo también desde el banco y contrató a Sergio Santos Hernández, un joven entrenador bahiense que llevaba pocas temporadas en la liga pero que pronto se convertiría en uno de los más importantes de todos los tiempos.

Junto con el nuevo entrenador aparecieron Víctor Baldo y J.J. Eubanks para ir dándole forma al equipo campeón. Con un plantel un poco más competitivo, lograron meterse en los playoffs del torneo, en el cual fueron derrotados en cuartos de final por Atenas, que posteriormente conseguiría el título.

Sabiendo que el equipo podía llegar lejos, los dirigentes hicieron algunas contrataciones más para ir por todo en la 99/00. Rubén Wolkowyski, Daniel Farabello y Dwayne McCray llegaron a Olavarría y, con ellos tres, se terminó de armar un equipo al que le sobraba calidad para ir por el título. Además, un dato no menor, era que intentarían evitar el tricampeonato que buscaba Atenas, el verdugo de la última campaña.

Al cierre de la primera fase, tras 30 partidos había quedado claro que los dos candidatos al título eran los cordobeses y los olavarrienses: ambos equipos terminaron con un balance de 24 triunfos y solo 6 derrotas, relegando al tercer puesto a Boca Juniors, con 20 victorias y 10 caídas.

En la segunda fase el equipo de Hernández siguió dominando al resto y pudo mantener el primer puesto hasta el cierre de la etapa regular, lo que le dio la ventaja de localía en todas las llaves de playoffs, un dato clave en la resolución de la competencia. Los cuatro primeros de la tabla se ganaban el derecho a acceder directamente a los cuartos de final, por lo que Estudiantes esperó en dicha instancia al ganador de la llave entre Quilmes y Obras.

Sorprendentemente, el «Cervecero» barrió al «Tachero» en los octavos de final, que había finalizado quinto en la zona A1 y era el favorito, al menos en los números previos, a enfrentar a Estudiantes en cuartos de final. Esto le permitió al «Bataraz» recibir a un rival inferior en su primera ronda y lo venció por 3 a 1.

En semifinales fue el turno de medirse con Gimnasia de Comodoro Rivadavia, que también se había salteado los octavos por haber quedado entre los cuatro mejores de la etapa regular. El equipo de Chubut había dejado en el camino a Libertad tras eliminarlo por 3 a 2, pero no fue oposición para el gran candidato, que lo barrió para llegar a la final.

Del otro lado llegaba el equipo más importante en la historia de la liga. El que supo levantar el trofeo en seis oportunidades hasta ese momento, cifra que nadie alcanzó hasta la actualidad. En su haber tenía dos series barridas, ante Estudiantes de Bahía y Peñarol, y la intención claramente era hacer algo similar para convertirse en el primer tricampeón de la Liga Nacional.

La serie se disputó al mejor de siete juegos y bajo el formato de 2-2-1-1-1, con la ventaja de localía para Estudiantes. Como era de esperar, y como lo habían demostrado a lo largo de toda la temporada, los enfrentamientos entre estos dos equipos fueron realmente parejos y en los primeros seis el vencedor fue el equipo local de cada juego, llegando al séptimo punto con tres victorias por lado.

Desde que las finales de la Liga Nacional se empezaron a disputar al mejor de siete en la temporada 1990/91, solo en dos oportunidades se había tenido que jugar el séptimo hasta ese momento: en la 95/96, cuando Olimpia venció a Atenas, y en la 98/99, que el «Griego» pudo derrotar a Independiente de General Pico. Por ende, el conjunto cordobés tenía experiencia en este tipo de definiciones.

Pese al arranque favorable en el primer cuarto para los de Pablo Coleffi en el Parque Carlos Guerrero, el fluido juego ofensivo y la intensa defensa de Estudiantes le permitió ponerse al frente en el segundo parcial. Ya en el tercero pudo sacar la ventaja más amplia del partido cuando llegó a estar 48 a 31, pero no por mucho, porque los cordobeses entablaron un parcial de 33-11 que les permitió soñar con robarse el juego fuera de casa.

La visita entraba al último cuarto arriba por 64 a 59 y le borraba la sonrisa de la cara a los dueños de casa, que minutos antes se sentían invencibles. Sin embargo, en el final entraron frescos desde la banca dos jóvenes jugadores vitales para cerrar el juego a favor de Estudiantes como lo fueron Víctor Baldo y Nicolás Gianella. Además, el apoyo de las más de siete mil almas expectantes de ver a su equipo subir a lo más alto del podio se hizo sentir.

A falta de 23 segundos para el final, y con el marcador 77 a 71 a favor del local, Fernández le robó la pelota al «Pichi» Campana en un intento de triple y, apenas tomó la bola, ubicó a Gianella del otro lado del campo. El ex Gimnasia recibió solo y la volcó para que explote el público y también su entrenador, Sergio Hernández, quien rompió en llanto sabiéndose ganador de su primera Liga Nacional.

Faltando 15 segundos, el joven Bruno Lábaque tiró de larga distancia. Algo forzado el lanzamiento, se quedó corto y con él se fueron las chances de alcanzar el tan ansiado tricampeonato para Coleffi y compañía, quien apenas vio esa jugada se acercó a felicitar a su par del banco rival. Eubanks, tras fallar el primero, anotó el segundo libre para decretar el 80-71 decisivo y desatar la locura en el Maxigimnasio.

Eubanks lideró al equipo en anotación a lo largo de la temporada.

El público invadió la cancha unos segundos antes de que suene la chicharra del final del partido y a partir de ahí todo se tiñó de blanco y negro. Por primera vez en su historia, Estudiantes de Olavarría se consagraba campeón de la Liga Nacional. La experiencia de Milanesio, Campana, Osborne, Prickett y Osella no fue suficiente para contrarrestar las ganas que tenían Wolkowyski, Eubanks, los Farabello, Fernández, McCray y todo el plantel de darle a una ciudad su primer título.

Con el habitual «We are the champions» de fondo y de manos del presidente de la AdC, Eduardo Bassi, el «Lobito» recibió la Copa Challenger León Najnudel para terminar de darle forma al festejo de los protagonistas principales de esta gesta. Luego del cordobés, llegó el turno de levantarla para J.J., el extranjero más importante que alguna vez defendió los colores de Estudiantes, y más tarde para el resto del equipo y cuerpo técnico.

El “Lobito” fue el primero en levantar la tan ansiada copa.

Al igual que había sucedido con el premio al jugador más valioso de la temporada regular, Rubén Wolkowyski se quedó con el galardón más importante a nivel individual de las finales. El «Colo», gracias a su gran actuación con el equipo de Hernández y luego de haber conseguido el título, emigró directamente a los Seattle Supersonics de la NBA, convirtiéndose en el primer jugador argentino en saltar directamente desde la competencia local a la norteamericana.

En la temporada siguiente, el club de Olavarría sumó varias copas más, tanto nacionales como internacionales, y se convirtió en uno de los clubes más importantes del continente ganando la Liga Sudamericana. Pero el que inauguró las vitrinas, el primero de todos, el que nunca se olvidan de mencionar con orgullo los hinchas de Estudiantes, es este, en el que un 25 de mayo derrotaron al gigante Atenas para poder sentarse en la mesa de los pocos que pueden decir «yo soy campeón de la Liga Nacional de Básquet».

Nota: Emiliano Iriondo / Twitter: @emi_iriondo