Con el inicio de una nueva temporada del básquet universitario, para los Aces surgía una nueva oportunidad de meterse en el torneo de la NCAA de la mano de la llegada de Bobby Watson, un joven entrenador que tomaba esta como su primera experiencia al frente de un equipo tras haber sido asistente durante varios años.



Le tocaba la difícil tarea de reemplazar a Arad McCutchan, quien había dirigido durante 31 años, y su principal misión era la de dejar una buena imagen del equipo en su primera incursión en la Division I. Para lograrlo incorporó al plantel nueve jugadores de primer año, varios prospectos que arribaban a la institución como los mejores de sus escuelas secundarias. Además de ellos, quedaban algunos jugadores de las temporadas anteriores, los cuales habían liderado en la Division II en los últimos años.

La nueva temporada los encontraba como uno de los equipos débiles de la división, que por ese entonces reunía a los equipos 74 en una misma zona. De esta manera iniciaron su camino, el cual fue con una mala noticia desde el principio ya que uno de sus rookies, David Furr, sufrió una grave lesión en uno de sus tobillos y lo dejó fuera por el resto de la temporada.

El 30 de noviembre fue el debut y lo hicieron como locales en el Roberts Municipal Stadium de Evansville. Lamentablemente fue con derrota a manos de Western Kentucky, que se llevó el juego por 82 a 72. Posteriormente llegaría el turno de volver a caer, esta vez fuera de casa con la universidad de DePaul, que terminaría con el mejor récord de la competencia, por 94 a 71.

El 6 de diciembre llegó el turno del primer y único triunfo de la temporada, venciendo como locales a los Pittsburgh Panthers por 90 a 83. Y el cuarto encuentro, disputado ante Indiana State, equipo en el que estaba Larry Bird, terminó con caída como visitantes por 102 a 76. Con récord negativo de 1-3, el siguiente en el calendario eran los Middle Tennessee Blue Raiders, de Nashville, destino al que viajarían un día antes del encuentro.

El coach Watson había tomado esta decisión para poder descansar y entrenar en las instalaciones del local. Además, llevaría a sus 14 jugadores, cuando habitualmente viajaban 12 en las demás delegaciones, porque consideraba que si un basquetbolista era lo suficientemente bueno para estar en el plantel, también lo era para viajar con ellos.

Finalmente, al atardecer del martes 13 de diciembre de 1977, el equipo se dispuso a abordar el avión que los llevaría a disputar el quinto juego de la temporada en medio de una lluvia y niebla que hacían dudar sobre si las condiciones eran las mejores para viajar. Sin embargo, el avión se elevó con Nashville en su horizonte, pero el vuelo duró solamente 90 segundos, el tiempo suficiente para que el piloto perdiera el control e impactara contra el suelo, provocando un incendio que terminó de desatar el peor resultado.

Desafortunadamente nadie pudo sobrevivir. El entrenador Watson, los 14 deportistas, dos entrenadores, el periodista Marv Bates que acompañaba al equipo, miembros del staff de la universidad, dos empleados de la compañía aérea y los tres miembros de la tripulación se encontraban en la aeronave cuando se dio el trágico accidente.

Unos minutos después del suceso, varias personas se acercaron al lugar del impacto para ayudar a los bomberos, que en medio de la lluvia, el barro y las llamas intentaban esperanzados encontrar algún sobreviviente, sin saber que no sería posible. Entre todos los presentes corrían los restos del avión y retiraban uno a uno los cuerpos de los pasajeros.

Según el reporte oficial de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), el motivo del accidente fue que el piloto no siguió los protocolos correspondientes en el despegue y se bloquearon los alerones del ala izquierda, así como también un exceso de equipaje en la parte trasera del avión. Estas dos situaciones juntas desencadenaron en el trágico hecho que acabó con la vida de 29 personas.

La noticia conmocionó a todo el país y hasta llegó al presidente Jimmy Carter, quien envió sus condolencias por el trágico hecho. Unos días más tarde, se llevó a cabo un funeral para los jugadores y su entrenador en el Roberts Municipal Stadium, el lugar en el que apenas unas semanas atrás habían logrado el primer triunfo de su historia en la Division I. Además, se elevó un monumento en la universidad en el que figuran los nombres de las víctimas.

Uno podría creer que la pérdida de todos los jugadores y el director técnico es un exceso del destino para castigar a una universidad que hacía sus primeras armas en una nueva división, pero lamentablemente había algo más guardado. David Furr, el rookie que estaba lesionado y que estaba fuera por el resto de la temporada, también falleció en un accidente unos días después que sus compañeros.

El 27 de diciembre, tan solo dos semanas después del accidente aéreo, el auto en el que viajaba junto a su hermano Byron y Dave Russell (jugó en los Bucks, San Sebastián de España y Orthez de Francia) se despistó y cayó en una zanja. Furr seguía trabajando con el equipo como estadígrafo pero solo en los juegos de local y, al momento de su deceso, se encontraba regresando a su hogar tras ver un partido de su ex equipo de secundaria, Olney.

El equipo de la universidad de Evansville no volvió a competir por el resto del curso y los directivos decidieron que lo harían recién en la temporada 78/79. Lo hicieron con Dick Walters como su entrenador principal y un equipo conformado en su totalidad por jugadores juveniles de las universidades y escuelas secundarias de la zona, algo que no estaba permitido pero que, por razones obvias, la NCAA les permitió romper algunas reglas.

Pese a que terminaron el año con un balance negativo (13-16), la intención de ese equipo no eran tanto competir con buenos resultados, sino recuperar lentamente la alegría que generaba a la comunidad el hecho de tener un equipo en la Division I. Con el correr de los años los Aces tuvieron buenas y malas temporadas, pero queda en su memoria el accidente que terminó con la ilusión de todo un equipo de representar a su ciudad ante los mejores del país. Y pese a eso, serán recordados por siempre como los que pusieron a Evansville en el mapa del básquet universitario.

Nota: Emiliano Iriondo | Twitter: @emi_iriondo

FuenteCourier & Press