(Foto: AS.com)

Andre Ingram es profesor de matemática y física, y es lo que hace para vivir, pero rompió todas las reglas establecidas cuando fue llamado por los Lakers para disputar dos partidos en 2018. Hoy en día, pese a estar lesionado, sigue luchando por volver a vivir el sueño de jugar en uno de los equipos más importantes de la NBA.

Reviví el programa de Crossover acerca de la historia de este jugador:

Ingram nació el 19 de noviembre de 1985 en Richmond, Virginia. Su carrera universitaria duró cuatro años (2004 a 2007) en los que jugó para los Eagles de la American University (ubicada en Washington DC) y allí promedió 14 puntos, 4.5 rebotes y 1.7 asistencias. Además, en su primer año fue elegido como el mejor rookie de la temporada.

Tras ese tiempo en el básquet universitario, decidió presentarse al draft en 2007. Sin embargo, pese a haber conseguido buenos números y algunos premios desde lo personal, no fue elegido. De todas maneras no todo fue malo para él esa noche, porque los que sí lo quisieron fueron los Utah Flash de la, por ese entonces todavía, D-League.

Allí jugó durante cuatro años, donde desde sus inicios comenzó a hacer historia y se convirtió en el goleador histórico, con 2098 puntos, y el segundo mayor reboteador, con un total de 608. Al final de la temporada 2010/11, lamentablemente los Flash se disolvieron y lo contrató el equipo donde continuó agigantando su figura: Los Ángeles D-Fenders.

En LA jugó los seis restantes partidos de temporada y siete de playoffs, en los cuales logró promediar 12.2 puntos y 3.5 rebotes. Pero el destino tenía un revés importante para su carrera deportiva: una lesión lo privó de jugar la temporada 2011/12. Por suerte para él, pudo regresar para el curso siguiente y, en la 2012/13, promedió 9.1 tantos y 3.2 rebotes.

Cuando todo parecía encaminado, nuevamente las lesiones golpearon a su puerta y lo dejaron fuera hasta enero de 2014, casi media temporada sin jugar. Por suerte pudo volver y, si bien terminó jugando menos tiempo, pudo terminar con medias de 9.2 unidades y 3.3 rebotes.

La temporada 2014/15 fue recién la segunda que pudo hacer de manera completa, en la que alcanzó los 583 triples y se convirtió en el máximo anotador de tiros de 3 de la D-League. Además, demostrando que eso no era casualidad, ganó el concurso de triples del All Star de su categoría por segunda vez en su carrera (la primera vez fue en 2010) encestando 39 sobre 50 tiros entre las dos rondas, récord que supera también a la historia del certamen en la NBA.

En octubre de 2016 quiso darle un giro interesante a su carrera y tomó la decisión de irse a jugar a Australia. Más precisamente fue a los Perth Wildcats, pero solo disputó dos partidos porque no se pudo adaptar. El escolta alegó motivos respecto a su salud mental para poder salir del equipo cuando recién había llegado.

Tras la fallida experiencia del otro lado del globo, regresó a jugar a los D-Fenders, que para la temporada siguiente cambiaron su nombre a South Bay Lakers. En el regreso para su segunda etapa con el equipo de Los Ángeles, siguió demostrando su gran habilidad para tirar de tres puntos y lideró en porcentaje de triples convertidos con 47.5%.

Ya en 2018, con la temporada a punto de terminar, muchos lesionados en el roster de los Lakers y las urgencias de Luke Walton de terminar el año de la mejor manera, se reunió con Magic Johnson, uno de los dirigentes más importantes de la franquicia, y le pidió un contrato para Ingram por los dos partidos que quedaban (Houston ya clasificados a la postemporada como 1 del oeste y el clásico con los Clippers).

Finalmente la noche tan esperada llegó: Andre entró faltando dos minutos del primer cuarto ante los Rockets y el primer tiro que tomó fue un triple convertido en la cara de Luke Mbah a Moute. Ingram se lució esa noche, con un espectacular 4/5 en triples (récord en un debutante de los Lakers), 2/3 en tiros de dos, 3/3 en libres (19pts) y tres rebotes en 29 minutos. Los Lakers perdieron esa noche 105-99, pero el público despidió del Staples Centre a Ingram al grito de “MVP! MVP!” y recibió la pelota de manos del entrenador Walton cuando estaban en el vestuario.

En el segundo partido, el clásico ante los Clippers, Ingram no logró destacarse como lo había hecho en su debut (5 puntos con 2/9 en tiros de campo y 1/4 en libres, tres rebotes y seis asistencias) pero sí pudo tener más minutos (34:55).

La NBA es una de las ligas que más dinero paga a sus deportistas y a Ingram no le fue esquivo ese dato. En esos tres días en los que fue parte del primer equipo, el escolta recaudó un total de 13824 dólares cuando, en toda su historia en la G-League, había recaudado apenas 19000.

En la última temporada en la filial disputó su partido número 402 en temporada regular y se ubicó como el jugador con mayor cantidad de partidos en la historia de la liga. Por si fuera poco, en marzo de 2019 fue llamado nuevamente por el primer equipo con un contrato de 10 días. Sin embargo, su rendimiento no fue del todo bueno como lo había sido el año anterior y, una vez finalizado el contrato, regresó al elenco de South Bay.

Allí disputó la última temporada, teniendo muchos minutos, sumando sobre todo con tiros de tres y ensenándole a los más chicos que se puede lograr una carrera en Estados Unidos más allá de la NBA. Lamentablemente pocos días antes de la suspensión de la liga volvió a lesionarse y estará fuera de las canchas por un largo tiempo, pero seguramente regresará e irá nuevamente por ese sueño de jugar en la NBA, lugar del que, en su debut, se fue del estadio al coro de ¡MVP, MVP, MVP!

Nota: Emiliano Iriondo / Twitter: @emi_iriondo