(Foto: NBA)

Pascal Siakam nació el 2 de abril de 1994 en Douala, Camerún, y es el menor de seis hermanos (tres varones y dos mujeres). Durante su infancia no estuvo ligado a los deportes, ya que no pensaba más en cumplir el sueño de su padre, Tchamo, que era que sus hijos jugaran en la NBA para asegurarse que su futuro estuviera lejos de Camerún.

Los tres hermanos mayores jugaron en universidades de EEUU, pero Pascal no quería jugar al básquet, sino al fútbol y ser profesional como Samuel Eto´o, su ídolo. Sin embargo, a los 11 años de edad Pascal fue enviado por su padre a estudiar a un seminario para convertirse en sacerdote, un lugar muy estricto, duro y horrible, según contaban sus hermanos.

En 2011, mientras estaba todavía en el seminario, se fue con unos compañeros a un campus de Basketball Without Borders que había organizado la NBA en su país para ver a las estrellas que iban a ir, entre ellos Luc Mbah Moute que por ese entonces jugaba en los Bucks. Por primera vez hizo contacto con el mundo de la NBA. Justamente Mbah Moute quedó impresionado por las condiciones físicas de Siakam pese a que no sabía jugar bien al básquet.

Sin saber cómo, lo invitaron a un nuevo evento que se iba a llevar a cabo en Sudáfrica. Inicialmente Pascal no lo iba a aceptar, pero aprovechó esa oportunidad para visitar a una de sus hermanas que vivía ahí. En ese evento conoció a Serge Ibaka y a Luol Deng, otros dos jugadores africanos. En ese momento se dio cuenta que no era imposible llegar a la mejor liga del mundo si trabajaba para lograrlo. En ese campus lo vieron de muchas escuelas y una le ofreció mudarse a Lewisville, Texas, para ir a la God´s Academy. No sabía inglés pero entre sus hermanos, que jugaban en ese país, y su padre lograron convencerlo de ir para allá.

Cuando llegó a Estados unidos se dio cuenta de que sus nuevos compañeros eran más altos, rápidos y habilidosos que él, por lo que al principio le costó y sufrió adentro de la cancha. De todas maneras, al cabo de dos meses decidió que eso iba a dejar de ser así: se dedicó a trabajar en el gimnasio y en la cancha para mejorar todo el tiempo que pueda y así fue.

A medida que pasó el tiempo fue mejorando y llamó la atención de algunas universidades, entre ellas la de Texas. Por problemas físicos se perdió su primera temporada como jugador universitario, pero no se desanimó por ello y aprovechó ese tiempo para mejorar en cada aspecto de su juego.

«Había uno en particular, Tshilidzi Nephawe de cuarto año, que era imparable. Cada vez que me emparejaba con él quedaba en ridículo. Entonces recordé lo que sentía durante los primeros meses en la God’s Academy y recuperé esa mentalidad: Quiero ser mejor que el resto. Me puse a trabajar para conseguirlo, día y noche», dijo Pascal sobre sus compañeros universitarios y lo inferior que se sentía cuando entrenaba en su primer año.

Siakam entrenó durante todo el verano para volver y ser el mejor del equipo, pero cuando todo parecía ir mejor, recibió un llamado desde Camerún. Era su familia que le avisaba que su padre tuvo un accidente de tránsito y murió. En ese momento tenía decidido volver a su país para despedirse de él, pero un problema con su visa de estudio no le permitía volver a EEUU. Eso no le importaba pero su madre y hermanos lo convencieron de quedarse, al revés de lo que había pasado cuando tuvo que dejar Camerún. «Dentro de mí había surgido un fuego interno. Ahora jugaba por mi padre; por él y por su sueño, nuestro sueño. Quería que estuviera orgulloso y darle este regalo, el de un hijo en la NBA».

Finalmente se quedó en el continente americano y durante la temporada pudo aprovechar la lesión de un compañero para poder disputar más minutos. Gracias a eso logró demostrar de qué estaba hecho: 13 puntos y 7,7 rebotes de media le dieron el premio a Mejor Freshman del año en la Western Athletic Conference. Al año siguiente volvió más fuerte todavía, la pretemporada la hizo como nunca para poder jugar los 34 partidos y promedió 20 puntos y 12 rebotes, lo que directamente le valió quedarse con el premio a Jugador del Año de la WAC.

Luego de esa temporada se declaró elegible para el draft de la NBA en el año en el que se implementó la modificación en la norma de poder salirse de la lista hasta 10 días después del draft combine (se lleva a cabo en mayo y es similar a un campus para jugadores que se declararon elegibles al draft, en el que pueden participar de entrenamientos con diferentes franquicias). Siakam se entrenó con varios equipos pero ninguno le terminó de cerrar. Particularmente el que hizo con los Raptors lo indignó porque, mientras el entrenaba con el resto de los “drafteables”, Jacob Poeltl y Skal Labbisiere hicieron un entrenamiento privado.

Finalmente llegó la noche del draft. Siakam la vivió desde Orlando, donde había hecho su último entrenamiento, con sus hermanos, su agente y algunos amigos. Adam Silver, comisionado de la liga anunció: “Con la 27° elección del draft de 2016, los Raptors eligen a Pascal Siakam”. Lo había logrado, cumplió el sueño de su padre y su hermano Christian le aseguró que lo acompañaría a Toronto para vivir ahí con él.

El 26 de octubre se cumplió lo que había esperado desde que empezó a jugar al básquet: fue titular en el primer partido, el primer rookie de los Raptors en serlo desde Jonas Valanciunas en 2012 y lo fue durante 34 partidos. Pero cuando perdió la titularidad se frustró y volvió a sentirse como en la God´s Academy o en Texas. A lo largo de la temporada jugó varios partidos con los Toronto 905, la franquicia de G-League, y de hecho aprovechó esto para desarrollar su juego y liderar al equipo al título promediando 23 puntos y 9 rebotes, lo que le valió quedarse con el MVP de las finales.

Durante la pretemporada de su segundo año se entrenó todos los días al máximo nivel para poder mejorar aún más su juego y se propuso lanzar más triples: fueron 1000 diarios para no volver a los solamente 7 que tiró en su temporada de rookie. Si bien empezó desde la banca, a mitad de año se lesionó Valanciunas y aprovechó su oportunidad para marcar 20 puntos en su regreso y empezar a ser más tenido en cuenta por Dwayne Casey, el entrenador del equipo en esa época.

Pasó de siete triples lanzados en la 16/17 a 132 en la 17/18 con un 41% de promedio de conversión. «Pascal, confiamos en vos. Cuando bajes un rebote, salí vos mismo corriendo. Yo voy a correr pero ya no voy a ir a pedirte la pelota», le dijo Kyle Lowry una vez durante un partido. «Nos ayuda mucho más de lo que parece. Nuestra segunda unidad es fantástica y es el pegamento de todo esto», dijo Casey, ahora ex entrenador de los Raptors, cuando terminó la temporada.

La última temporada fue la de la consagración. De la mano de Kawhi Leonard, y siendo algo así como su escudero, lograron llevar a los Raptors a su primer título en la NBA, eliminando a equipos fuertes en el camino. En semifinales de conferencia no la pasaron bien ante los 76ers y tuvieron que sufrir hasta el último segundo del séptimo juego para clasificar a la final del Este, donde esperaban los Bucks de Antetokounmpo.

En esa final no hubo equivalencias en los primeros dos juegos en Milwaukee y parecía que iba a ser clasificación asegurada para los de Budenholzer. Sin embargo, pese a caer en ese primer par de partidos, los Raptors lograron recomponerse en los dos siguientes en casa, robaron la localía en el quinto y se clasificaron a la final de la NBA en Toronto, la primera vez en la historia que los de Canadá iban a definir el título.

La final ante los Warriors pareció de todo menos una final de NBA. Si bien por momentos desplegaron un gran juego ambos equipos, Golden State llegó muy diezmado en cuanto a las lesiones y prácticamente los Raptors tenían la serie en el bolsillo. Pascal promedió 19 puntos, 7.1 rebotes y 2.8 asistencias a lo largo de los 24 juegos que disputó en los playoffs, todos como titular.

Un hecho que suele pasar desapercibido pero que refleja a flor de piel lo que estar en la NBA significa para él es que, más allá de que está ahí por su esfuerzo personal ante las adversidades, también le debe bastante al apoyo de su familia. Pascal no se olvida de donde viene y por eso decidió usar el dorsal 43, por ellos. El 4 es por su padre y sus tres hermanos, mientras que el 3 por su madre y sus dos hermanas.

Una historia de superación constante, tanto en cuestiones propias como lo son su juego y su adaptación al nuevo país, como el hecho de que, en el medio de todo ese proceso rumbo a la NBA, perdió a su padre, quien los había impulsado a él y a sus hermanos a alcanzar el sueño de llegar lo más lejos posible para poder salir de su país.

Hoy los Raptors tienen a un jugador que tiene en claro qué es lo que quiere y que, a sus 24 años, ya tiene un anillo de campeón. Por si fuera poco, ganó el premio a Most Improved Player (jugador que más mejoró) en la última temporada y este año disputó su primer All Star Game, en el que fue elegido como titular. Premio a uno de los mejores jugadores de la NBA que hoy en día nos deleita con su juego y de los que más tuvo que luchar para llegar a donde llegó.

Nota: Emiliano Iriondo | Twitter: @emi_iriondo